Delirios de orilla, ROSA MARÍA RAMOS CHINEA (2015)

Delirios

Delirios de orilla, ROSA MARÍA RAMOS CHINEA (2015)

Cuando hace apenas un año, una venezolana con alma y acento canario contactó conmigo para participar en su programa de radio Poetas en serie nunca pensé que, aún sin llegar a conocernos físicamente, pudiéramos establecer una relación de amistad como la que hoy sostenemos. Ésta se ha ido cimentando por medio de ese hilo invisible conque la poesía  une a los que la amamos, así como a través de nuestros respectivos blogs y de los medios de los que disponemos hoy en día para comunicarnos, incluido ese desfile de vanidades -en el que me bautizaste, querida Rosa- que es Facebook, donde uno no se quita la sensación perenne de que a nadie le interesa lo de nadie pero en el que todos quieren que se interesen por lo suyo. En cualquier caso y a pesar de las dudas que me genera me ha servido para conocer a gente muy interesante, muchos de ellos de esas islas que tanto quieres y de las que comienzo, recién, a enamorarme, y poder disfrutar con el trabajo que realizan. En este tiempo hemos intercambiado palabras, poemas y desde hace unos meses nuestros libros, esas criaturas que a veces hasta se nos rebelan, han viajado de unas manos a otras, de las tuyas a las mías y viceversa, y aunque han cambiado de cielo, no lo han hecho de alma.

Hacer un pequeño estudio sobre el libro de un amigo es un poco complicado, pues es muy probable que, como les ocurría a Pereda y a Galdós, el más santanderino de los canarios, uno se deje llevar por la empatía que siente hacia el autor. No es el caso.

Delirios de orilla, el poemario de Rosa María Ramos Chinea, compuesto en realidad por dos libros distintos, es un remanso de lectura donde la poesía se extiende y se engrandece, como su autora. Estamos ante un libro que con su propia estética, más allá de los metros clásicos, se adentra en la contemporaneidad poética. Esa dicotomía, ese desdoblamiento que hay entre el escritor y su obra, como preconizaban Proust o Valéry, no se da en Delirios de orilla; estamos ante un poemario en el que la autora se deja una gran parte de su yo más personal e íntimo entre las páginas del libro, entre unos versos que a veces parecen verter una parte de su propia sangre, equivalente a su propia experiencia vital, por lo que resultaría muy difícil separar la obra literaria del autor que la realiza.

En ese difícil equilibrio sonoro entre ética y estética, la poesía de Rosa María Ramos Chinea es capaz de conmover, de pulsar en el lector esas fibras sensibles que son capaces de estimular las emociones. Y al activarlas, consigue convertirle en su cómplice. Enreda y seduce entre sus versos al hipócrita lector-hypocrite lecteur-mon semblable, mon frère-que ya dijera Baudelaire en Las flores del mal y que parafraseara Jaime Gil de Biedma. Estamos ante el destello que provoca la poesía, su poesía, en el interior del involuntario interlocutor y ese fulgor preciso, inherente a la palabra poética, que actúa con inmediatez, sin necesidad de ningún ejercicio intelectual, como escribiese José Ángel Valente, hace que nos convierta en sus aliados permanentes durante este viaje literario.

Rosa María Ramos Chinea huye de esa poesía autocomplaciente, hermética hasta la incomprensión, y se adentra en el lector con una poesía directa, que apela a los sentimientos más básicos del ser humano, como la ternura y el desamor, y lo hace sin renunciar a esa estética imprescindible que convierte a la palabra en poesía y no en prosa, más o menos poética. Como pequeño ejemplo veamos unos versos que tras la lectura del libro me acuden, recurrentes, y que mi querida Rosa, con el hermoso y duro cincel de su poética ha grabado en esta losa pesada que comienza a ser mi desmemoria.

Intentamos a toda costa

encender tus entrañas

con linternas de fuego

 

Así convertimos tu soberbia

en cúmulo de escombros

El poemario es evidente que tiene versos contundentes, versos que hacen de su autora una poeta, sí, poeta, y lo subrayo si es preciso para alejarla de toda cursilería de poetisa. Hasta ahora conocía su poesía a través de su blog, donde nos encontramos de cuando en cuando, pero con Delirios de orilla da un paso de gigante; Rosa María Ramos Chinea se gana un lugar entre los poetas de nuestro tiempo, entre aquellos que son capaces de llegar al centro mismo de la sensibilidad del lector.

Te lo confieso

nada esperé a raíz

de tu partida

Penetra en nuestro ánimo con una pulsión rítmica encomiable, con la autenticidad de su propia experiencia, destilando desde la alquitara poética verdad en cada verso, y aportando la dosis de misterio, consustancial a la poesía, necesaria e imprescindible. Otra de las grandes virtudes del poemario es tener la suficiente lucidez como para no dejarse arrastrar por la autosatisfacción del hermetismo de tanto visionario suelto, de tanto asceta del lenguaje que pretende hacer de la poesía un paraje indescifrable. Rosa, con su obra, nos inunda de vida, nos introduce de lleno en ella con su verdad, tal y como hicieran los clásicos y los contemporáneos que perdurarán entre tanto canto de grillo. Estamos ante una poeta en la que sus versos huyen de la metafísica de los fuegos de artificio, tan llamativos pero tan vacuos, parten de sentimientos profundos que logra transmitir con acierto y crudeza, si llega el caso. Desde luego, poseen la enjundia necesaria para colmar las expectativas de cualquier lector.

Delirios de orilla, y ahora me adentro en el poemario, está estructurado con una concepción muy precisa y pensada; se percibe que no está distribuido al azar. Una gran parte de su peso recae en las sensaciones que provoca en la voz poética de su autora todo el proceso que acompaña a la marcha del ser amado, en concreto a su pérdida.

Comienza el libro en La entrega hacia el ser amado, donde la voz poética de Rosa María Ramos Chinea nos seduce con todo lo inherente al enamoramiento y lo hace expresando un cierto misticismo en esa conexión cuerpo-alma, a través de la sexualidad.

Seme intenso así

Dame impacto de cuerpo

Y velo a velo desenvuelve

el ímpetu de tu río

De inmediato, y unido a esa etapa de conocimiento amoroso, aparece cierto reproche premonitorio.

Casi siempre sucede que amanece

y las sábanas descorren el velo

de tu incurable costumbre de ausencia

Estos dos sentimientos poéticos, conocimiento a través de la sexualidad y sensación de pérdida, se aúnan en algún poema.

Tengo el vértigo de mis bordes

tocados por tus labios

inevitablemente

 

Esto tengo hasta que lo tenga

y mientras tanto:

 

Deja que transite tu espalda

a partir de la curva de mi lengua

Continúa el poemario con Cuando la partida se presiente, desmenuzando la lógica estructura que la voz poética nos insinuaba. Aunque aquí la partida ya no se intuye. Es algo real pero que en ocasiones se expresa de manera sutil, con versos excelentes.

Das cielo de tormenta

a la desnudez

propuesta por mi cuerpo

en esta casa de largas paredes

y niño

La voz poética evoluciona y cambia en El abandono donde se posiciona ante la pérdida y lo hace desde el reconocimiento de uno mismo, para afrontarla desde el interior, y utilizar esa fuerza con afán de superación. En esta parte se observa una evolución de la metáfora, desde elementos fuertes y radicales, como rocas, dagas, precipicios… y que cristalizan en La despedida en vocablos como río, camino, pan… Es el golpe inicial del abandono hacia el fluir de la despedida.

Salto este precipicio

empujada de espanto

sin tocar fondo y sin hundirse

mi cuerpo por completo

Y prosigue la autora con esos vuelcos metafóricos graves que hablan de disparo, espada, diluvio, desastre, estallido, hacha…

Esta parte va evolucionando hacia poemas más intimistas, donde la voz poética ya no busca el referente en el amor, ni en los grandes temas, sino en la cotidianeidad que ellos expresan.

Sombra que partes en dos

Nuestra cama inservible

Deja que apague la luz

Para ocultar su ausencia

El cierre de El abandono se marca con la figura del muro. Se percibe como lo que es, como algo infranqueable. En este excelente poema también se aborda el tema del quehacer literario, se indaga sobre como un poema es capaz de crearse a sí mismo.

Desde los muros

de nuestras soledades

aún escucho a este poema

decirse solo

Ya en La despedida todo se vuelve calma y se percibe la fragilidad en cada poema. Ya no hay metáforas duras, llenas de agresividad, y aparecerán vocablos como río, camino o pan, como referencia de travesía. Comienza con este tránsito como tema y todo lo que le cuesta a la voz poética este recorrido vital.

Busco un camino por donde alejarme

llevo conmigo el olor de tu ropa

el doblez de tu cuerpo

y pan

Aparecen versos serenos, plenos de una resignación casi religiosa.

No hay flores en la mesa

solamente este lecho

a la luz de los cirios

y el roce que tanto envenena

La cotidianeidad aparece más cotidiana, con una sensación de extrañamiento.

Inmóvil

sobre el sepia sofá del salón

ya no se cómo lucen las flores

Ya casi al final de esta despedida la voz poética asume esta pérdida de manera irremisible.

No encuentro acomodo posible

para el deseo extinto

sobre el álgido pavimento

Regado de cristales y músculo

Se consuma esta parte como un momento de crecimiento, de verticalidad, de florecimiento, pero siempre asida a la tierra, donde la voz poética se encuentra segura.

Crezco tallo extendido

mujer de cuevas

furiosamente asida al suelo

Delirios de apertura, el segundo libro del poemario, está estructurado en tácticas diferentes, Abordajes, Tentativas…, con un objetivo común, abrir la puerta.

La voz poética aparece sorprendida por el hecho de ver que puede avanzar; sabe que puede pero aún no está preparada para llevarlo a cabo.

Nuestros ojos se nublan

al explorar tu abertura

 

Orificio severo

La sensación general de los primeros poemas es de impotencia o frustración, dentro de un poemario en el que la verdadera protagonista es la puerta. La lucha contra la puerta, contra una puerta que nos recuerda el muro con el que se cerraba El abandono. Ese muro era imposible de traspasarlo pero sin embargo la puerta lleva en sí misma un componente de desafío. Por un lado bloquea al ser, pero a la vez le hace avanzar porque se preocupa de abrirla. De ahí la lucha por crecer, avanzar y superar las barreras. Esa puerta, ese horizonte inalcanzable, la mantiene viva, con opciones y la hace creer, mejorar y superarse.

Así pulverizamos la impotencia

 

Insólito recurso

Delirios de orilla es uno de esos poemarios que permanecen en la memoria del lector. No es, desde luego, uno de esos libros, como decía Montaigne, que se olvidan después de ser leídos y que por tanto es como si nunca hubieran pasado por nuestras manos.

Si había descubierto a la persona, hoy puedo decir sin el menor atisbo de duda que estamos ante una gran poeta, y ante un gran libro de poesía, el que os presento bajo el brazo afectuoso y afable de la amistad y bajo el laurel embriagador y hermoso de la poesía certera e inaplazable.

Os dejo con estos versos memorables, que tanto me gustaría escuchar en la maravillosa voz de su autora, de la que espero ganar algún día ese mágico acento isleño que nunca deberían perder los que tienen la suerte de poder lucirlo.

Gracias, Rosa María Ramos Chinea, poeta.

Desde los muros

de nuestras soledades

aún escucho a este poema

decirse solo

Juan Francisco Quevedo

Santander, a 5 de agosto de 2015

Podéis ver mi página personal en este enlace:

http://juanfranciscoquevedo.jimdo.com/

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9 respuestas a Delirios de orilla, ROSA MARÍA RAMOS CHINEA (2015)

  1. Poli Impelli dijo:

    Excelente! Gracias por compartirnos a una gran poeta Juan Francisco. Saludos y mi admiración a ambos 🙂

  2. Stella dijo:

    La presentación y las poesías, dan un gusto, un placer y unos deseos de leer el libro.
    Mucha suerte.

  3. Pingback: Delirios de orilla, ROSA MARÍA RAMOS CHINEA (2015) | Poetas en Serie

  4. Estimado Juan Francisco Quevedo, amigo, escritor, poeta: Ha sido una verdadera suerte conocerte, poder compartir amistad y literatura. Estaré siempre agradecida por esta presentación tan hermosa. Mi abrazo más sentido.

  5. clarita dijo:

    simplemente genial… ya voy a por el libro gracias…….

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