Dominio, RAFAEL FOMBELLIDA

DSCN0810

Dominio, RAFAEL FOMBELLIDA

(2015)

POESÍA REUNIDA POR EL PROPIO AUTOR

Cuando hace unos quince días pude tener el libro de Rafael Fombellida en mis manos, lo primero que hice fue observar la portada, hermosa y sencilla. Un acierto.

Después, me fijé en el período de tiempo que abarcaba la poesía reunida en Dominio: veinticinco años. Ni más ni menos.  Lo que suponía que en el interior me iba a encontrar con los versos que un poeta había ido vertiendo frente al papel-y a veces imagino que contra- desde que tuviera poco más de treinta años hasta la actualidad.

El caso es que después de leer a fondo el libro, frente a lo que en principio se pudiera pensar, no he hallado grandes quiebros temporales en su composición. Es más, los poemas evolucionan de una manera natural sin advertirse cambios bruscos; van fluyendo a través de los años casi sin que nos percatemos de ello. De hecho, el poema que abre esta edición bien hubiera podido ubicarse en Di, realidad, el último libro del autor, publicado en 2015.

Tenemos la suerte de estar ante una selección de poemas hecha por el propio autor, lo cual siempre es de agradecer para el lector. Conviven libros completos con otros de los que ha hecho una criba minuciosa para quedarse con aquellos poemas que ha considerado más adecuados, incluyendo también alguno de los que en el momento de la concepción del libro había desechado. Estos poemas, como recalca su autor, no han sido reescritos, sino corregidos, lo que hace que no hayan perdido su esencia primitiva. Así mismo, Dominio incluye una serie de poemas inéditos que nunca llegaron a formar parte de libro alguno y que recoge bajo el título de Istmo. Rafael Fombellida, considera esta revisión, como él mismo dijo en la presentación en Santander, como definitiva, lo que hace de Dominio, casi un testamento poético prematuro y un auténtico libro de libros.

Con la mirada subjetiva que posee cualquier lector, me atrevo a dar cuerpo a las impresiones que me han sobrevenido tras tener este libro en mi cabeza -además de en la mesita de noche- a lo largo de más de dos semanas.

Comenzar esta exposición diciendo que la poesía de Rafael es una poesía introspectiva es decir algo que está en boca y en papel de todos los que han hecho alguna reseña sobre el libro. Así que intentaré dar otra vuelta de tuerca, sin llegar a poseer el alma de nadie-y menos el del autor- como en la novela de Henry James, basándome en mis impresiones y en lo que he podido leer y escuchar al propio Fombellida.

Partiendo del desorden más absoluto, lo que el autor denomina el daimon, esa fuerza que tiende hacia lo oscuro, hacia las tinieblas interiores, el poeta nos lleva, una vez lo descifra, con el misterio inherente a su poesía, hacia el orden, hacia la claridad. No me resisto a comparar su poética con el concepto físico de la entropía, una medida del desorden molecular en la que la temperatura, un incremento de la misma, es responsable de provocar un desorden que aumenta proporcionalmente a medida que aumentan los grados y viceversa. Partiendo de ese gran caos que el autor interioriza, a través de una meditación filosófica directa, que refleja y proyecta en la escritura, el poema llega al lector sin grandes ambages ornamentales y avanzando, como si la temperatura fuera decreciendo, hacia su esclarecimiento. Siguiendo con el símil de la entropía, el poeta consigue bajar la temperatura hasta aproximarse a esos cero grados Kelvin en los que el valor físico de este concepto sería cero y el poema una realidad plausible y palpable. Es decir, a lo largo del desarrollo del mismo consigue proporcionar progresivamente algo de luz al lector. De tal manera que se acerca a lo que hasta la fecha es un imposible, lograr una temperatura tan baja-próxima a esos cero grados Kelvin-. Ahí, en ese punto, y fantaseando con la física, de alguna manera se conseguiría la inmortalidad ya que, si se pudiese alcanzar ese valor, el desorden molecular sería cero y la inmortalidad un hecho teórico. En este caso, en el caso de la poesía de Rafael, hablamos de conseguir poemas definitivos, próximos a ese valor. Poemas que ya nunca se volverán a revisar y que quizás alcancen la inmortalidad, aunque no valga para nada.

Las meditaciones filosóficas que van unidas al discurso poético de Rafael Fombellida van en ese sentido aclaratorio, es decir, hacia iluminar el poema con el brillo de esa interiorización del caos. Aquí me remito a las palabras de Carlos Alcorta, en la magnífica reseña que hizo de Di, realidad. Dice Carlos que no hay en la poesía de Rafael Fombellida “pretensiones filosóficas ni incurren en la grandilocuencia gratuita”. No puedo estar más de acuerdo.

Voy ahora a abordar, de una manera general, los conceptos de fondo y forma-ética y estética- en la poesía de Rafael Fombellida.

El autor parte de algo fundamental para dotar de enjundia a su poética; no hace una poesía improvisada ni casual, el poeta cree en lo que hace y lo desarrolla y lleva hasta las últimas consecuencias. Su obra tiene como origen sentimientos profundos que logra transmitir con acierto y crudeza, si llega el caso. Aquí me remito a las palabras de José Luis García Martín: “Rafael Fombellida escribe, como todos los poetas verdaderos, desde la experiencia y la cultura”.

En sus poemas van aflorando, a medida que avanzamos por las páginas del libro, la suma de los diferentes yos que fuera, con sus experiencias vitales, con sus lecturas; en suma con todo aquello que condiciona la poesía que hace. Con todo este bagaje consigue llegar al centro mismo de la sensibilidad del lector

El poeta toca una variedad muy amplia de temas a lo largo del libro: amor, enfermedad, muerte, guerra, etc. Pero siempre hay algo que sobrevuela en su poesía -incluso cuando expone temas graves-, la vida brota como un bastión fuerte y necesario que le rescata de cierto pesimismo vital. Así mismo, el autor, como tantos poetas, reconoce la infancia como la fuente primigenia de la que mana su lírica y buena parte de la inspiración poética. Algo muy común en el terreno artístico; ahora recuerdo las palabras del director sueco Ingmar Bergman, tantas veces dichas, antes y después de él, de tantas maneras distintas; cito de memoria: La infancia es la patria verdadera del hombre.

De todas maneras, cualquiera de estos temas que conforman su poesía, y que extrae de su realidad, es llevado con elegancia formal al terreno de lo poético y es en esa transformación introspectiva donde la poesía de Rafael emprende un vuelo más elevado aún. Confiere a su lírica una estética selecta, en la que apenas hace concesiones al artificio.

En muchos de sus poemas hace uso de la forma, encarnada fundamentalmente en la métrica, como manera de contención poética para no dejarse llevar por el discurso, lo que contribuye a mantener esa pulsión rítmica que añade a su poesía una sonoridad que el lector agradece.

En conclusión, podemos decir que en la poesía de Rafael Fombellida se conjuga fondo y forma para afrontar el poema de manera esclarecedora y equilibrada. Además, lo lleva a cabo con un léxico variado y un lenguaje cuidado, cuando no exquisito y siempre elegante. Todo ello contribuye a que su poesía penetre en el ánimo del lector y le conmueva y emocione, incluso cuando el poeta sólo deja entrever aquello que se esconde tras los versos y que con cada persona emprende un vuelo distinto.

Tras hacer esta pequeña crónica, me gustaría comentar alguno de los poemas del libro. Para ello, he elegido de una manera intuitiva, y por lo que me han sugerido en el momento de la lectura, uno o dos de cada parte en las que está dividido.

El primer poema del libro pertenece a Deudas de juego, escrito entre los años 1990 y 1999, y se titula “Disparos en la nieve”. En esta composición, en la que sólo dos heptasílabos quiebran la unidad métrica del endecasílabo, el poeta-así lo veo al menos desde mi individualidad lectora- manifiesta su falta de fe en el ser humano, sometido a los caprichos de un destino que siempre asoma con cierta sombra de fatalismo. Finaliza con unos versos demoledores.

 

Por la ladera espesa, entre la nieve,

caminamos sin fin. Rumiando el ansia

de matar o matarnos. De volver

el arma hacia el horror de nuestras vidas.

 

“El artista en invierno” es otro poema de Deudas de juego, en el que el autor, desde la invocación a las tinieblas, nos remite a los tópicos horacianos, en concreto al “Beatus ille” y al “Aurea mediocritas”. El hombre, el artista en este caso, vive aislado del ruido del mundo y en su retiro se dedica a sus quehaceres con humildad. Allí pasa las horas, enfrascado entre sus libros y como Quevedo hiciera desde su Torre de Juan Abad, se refugia sin sobresaltos “Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos”.
El poema discurre entre heptasílabos y endecasílabos, salpicado con algún verso alejandrino.

 

“Al fondo, entre los libros,

el declive del sol habrá de sorprenderle

tomando algunas notas,

caligrafiando su aire. Vendrán luego

dos o tres horas más

                                sin que suceda nada.”

 

De Istmo, una reunión de textos que nunca formaron parte de ningún libro, he elegido por mi atracción personal hacia la ciudad portuguesa, “Porto”.

Es un poema pertrechado fundamentalmente con alejandrinos en el que el poeta recuerda sus encuentros con la ciudad que se orilla en la desembocadura del Duero.

 

“Refresca al sol el río desde el puente de hierro.

Y el sol se lo agradece con un ligero ardor.

De miradores altos hay rostros que se apartan.”

 

Norte magnético es un libro realizado entre el año 2000 y el año 2002. Como confiesa su autor es un poemario cargado de simbolismo y de él he entresacado “Verano ártico”, un poema en el cual el poeta se desdobla en dos, en esa contradictoria lucha que sostiene en realidad contra sí mismo. Interpreto que ese otro yo se oculta tras la enigmática mujer que le obliga a huir del pensamiento racional que le atrapa. En esa lucha, no sucumbe, sino que sobrevive, aunque con heridas de guerra. En la composición predominan los endecasílabos, con rupturas de algún alejandrino y de algún que otro verso corto.

 

“No hay verano más frío que ese cuerpo

ligero descansando a tu costado,

sumido en depurada revelación oculta.

Tan lejos de este mundo que ya roza

con sus dedos el otro.”

 

Canción oscura es otro libro de carácter simbólico escrito entre los años 2003 y 2006. De este poemario extraigo “Pescando en la noche”, un poema en el que el poeta establece, quizás, un paralelismo entre la paciencia y la constancia de pescador, con la labor de la creación literaria del escritor. Poeta y pescador, siguen y siguen, noche a noche, persiguiendo sus sueños y a pesar de la elemental captura de cada jornada, esa minuciosa labor les compensa del duro trabajo que realizan.

 

“Una vez más, y cuántas noches tanta

concentración se embosca en bruto y rueda

aguas adentro la preciada larva,

el tesoro llegado de fosas submarinas.”

 

Violeta profundo es un libro escrito a lo largo de dos años, 2009 y 2010. De un recuerdo amargo, ocurrido en un pequeño instante, surge el poema “Matinal de domingo”. El poeta se escruta y se mira a sí mismo reflejado en el azogue de los muertos familiares que le precedieron. Y lo hace sin dramatismos, con pinceladas de buen humor.

 

“Yo diseñé la labra de su lápida

y le mandé grabar nombre y dos fechas.

Ya sabes, entre ellas, los días fueron suyos.”

 

También de Violeta profundo es el poema “Aniversario”. En él, se vuelve tierno y menos enigmático. Parece reconciliarse con el mundo mientras se impone un alejamiento de la labor creadora. El poema está salpicado de rasgos de cotidianeidad y de sentido del humor.

 

“Baja el licor de guindas perfumado

del estante más alto del armario,

y si ves que no llegas, llámame.”

 

También de su libro Violeta profundo es el poema “Colección particular”. De nuevo un recuerdo le asalta y le hace escribir este poema endiablado y, a la vez, enternecedor. Partiendo de una evocación de la niñez, que toma como si fuera una excusa, piensa que ese bloc que hojea-con h-, y que no le provoca ningún sentimiento pudiera ser, algún día, el suyo. Le dice tan poco como sus cosas dirán a otros el día de mañana. Reflexiona sobre la futilidad de la vida. Y piensa que algún día no muy lejano no habrá nadie al que le interese su colección particular.

 

“Ese bloc parecía un cementerio.

Avanzar daba náuseas, porque pensaba en mí.”

 

Di, realidad es el último libro de Rafael Fombellida. Contiene poemas escritos entre los años 2011 y 2014.

He elegido este poema, “Nadadores”, y no precisamente al azar. De hecho, el poeta confesaba en la presentación de Santander que si sólo tuviera la posibilidad de salvar un poema de Dominio, éste sería el afortunado.

El poema se inicia con una confesión paterna de agotamiento. Ha nadado junto a su hijo y en un momento dado ha tenido que rendirse ante el empuje del joven. Ese cansancio es la metáfora perfecta del relevo generacional familiar. No es una competición deportiva sin más; el poeta va mucho más allá; está asistiendo al crecimiento personal de su vástago en busca del conocimiento. De alguna manera ve en él esa proyección en alza e intuye que, como padre, comienza a ocupar un espacio que sin tardar mucho le corresponderá a él. Y lo hace siempre con una mirada tierna y complaciente hacia el hijo. Un espléndido poema.

 

“Soy el padre de un hombre, un hombre grave, meditativo, oculto,

que se gobierna con pericia mientras cabe pensar

que su mano, ya enorme, clausurará mis párpados como se sella un

       ataúd de plomo.”               

 

“Di, realidad” es el poema que da título al libro. En él, se enfrenta de nuevo el poeta a sí mismo, en esa tensión contradictoria tan habitual en su poesía. Esta vez lo hace a través de una realidad que se distorsiona mientras el mundo, su mundo personal, con sus niños y su monotonía familiar, continúa su marcha, ajeno a cualquier voluntad pero con el convencimiento de que es mecido por el destino, al que asocia cierta fatalidad. La simple posibilidad de atisbar la tragedia que, frente a esa realidad deformada, siempre sobrevuela vacilante sobre su paz familiar le obsesiona y se dirige a ella. La increpa y la reta.

 

“Realidad, realidad, estamos tú y yo solos. Los niños reventaban

en su cuarto colmado de alegría. Querían gris y escarcha,

montaron en el coche ella y los dos hermanos, patinando

estarán en el lago. Si la capa de hielo adelgazara,

realidad, me darías un suceso.”                

 

Yo creo, tras una lectura reposada, que Dominio es uno de esos poemarios que permanecerán en la memoria del lector. No es, desde luego, uno de esos libros, como decía Montaigne, que se olvidan después de ser leídos y que por tanto es como si nunca hubieran pasado por nuestras manos.

Tras leer a Rafael Fombellida uno se siente reconfortado con la poesía, con la buena poesía, la que nace con intención de trascender, incluso a su autor. Felicitémonos por ello y demos la enhorabuena al poeta.

 

 

 

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en POESÍA. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Dominio, RAFAEL FOMBELLIDA

  1. Anónimo dijo:

    Gracias, Juan Francisco, por mostrarnos a este poeta. Contundentes sus versos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s