Julio González Alonso-Juan Francisco Quevedo

JULIO GONZÁLEZ ALONSO (2016). LUCERNARIOS

MADRID: EDICIONES VITRUVIO

LEER A UN POETA

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JULIO GONZÁLEZ ALONSO (2016). LUCERNARIOS

MADRID: EDICIONES VITRUVIO

LEER A UN POETA

Descubrí al poeta Julio González Alonso a través de su blog de poesía Lucernarios, que así mismo da título a este feliz libro de poesía que nos presenta Ediciones Vitruvio. De su biografía poco sé, más allá de lo contado por Pepa Agüera Sánchez en el magnífico prólogo que abre la obra y que utilizaré como referencia para bosquejarlo. Lo que sí sé es de su amabilidad en las contadas ocasiones que he tenido el gusto de tratarlo por medio de los mensajes y comentarios en nuestros respectivos blogs poéticos.

Diré que su infancia, la de un niño nacido en León en 1950, transcurrió en un pueblo minero de la montaña leonesa. Estudió Magisterio en León, siendo la enseñanza la profesión a la que ha dedicado toda su vida activa. Tras su paso por Barcelona, concluirá sus estudios de Psicología en San Sebastián, para acabar residiendo en Bilbao, donde continúa a día de hoy.

Es Julio, por su trayectoria vital, un autor de esos que llevan a sus espaldas un bagaje artístico y literario muy importante lo que, inevitablemente, se ve reflejado en su poesía. Sería prolijo detallar su participación en grupos de teatro, su colaboración en revistas literarias y demás actividades por lo que me remito al prólogo del libro.

Desde el primer momento en que leí sus poemas quedé fascinado por sus metáforas, por su dominio del verso y, lo que es más importante, por saber enlazar todo ello, desde su visión poética, con la tradición. En unos tiempos en los que si bien la rima no es necesaria, poetas como Julio nos demuestran que sigue estando presente y que sigue siendo muy válida. Desde luego, la rima y la métrica manía en la dosis y proporción adecuadas tienen un encanto especial. Y Julio acierta plenamente a la hora de administrarlas. Y hasta el oído más penoso se lo agradece vivamente.

Además de ante un espléndido poeta, nos encontramos ante un gran cervantino, ante un estudioso y divulgador de la obra de Cervantes, en especial del Quijote. Su página, Ínsula CerBantaria, me ha servido de guía extraordinaria para profundizar y disfrutar en la lectura de la obra del genio manchego. Sale a relucir, lo que es muy de agradecer, el carácter didáctico de Julio.

Pero vayamos al libro que acaba de publicar, vayamos a Lucernarios.

En la primera parte del libro, Más cerca de lo humano, el autor ve la vida con cierto escepticismo y contempla el paso del tiempo con la sabiduría y serenidad que le dan los años. Indaga en el dolor creativo de la palabra desde esa quietud inherente a la experiencia de la vida.

 

…Cada palabra descerraja un tiro de realidad,

pero es demasiado insoportable para acogerla en el corazón;

así que nos guardamos de sus aristas con pesimismo

y pesadillas. Nada hay muy seguro en el silencio,

pero la palabra apunta a la certeza de la pena…

 

En el poema Sólo queda mirar la voz poética se lamenta de esa huída del tiempo y de alguna manera busca refugio, desde la resignación, en lo cotidiano, en lo más querido y cercano de su propia vida.

 

…sólo queda mirar

hasta cegarse los ojos,

volver la vista-si puedes todavía- a la vida; sonreír

a tus hijos

todavía inocentes de estos crímenes,

contemplar el cielo que nos cubre a todos por igual. Es lo último

que puedo decir…

 

Hay lugar en el libro para el endecasílabo en su máxima expresión poética, en el soneto. Como muestra del talento y la maestría de Julio, baste el segundo cuarteto de De la Condición Humana.

 

…Te sabes antes que nacido muerto,

ser antes que memoria, sólo olvido;

efímera la vida y lo querido

por la mano del tiempo ya cubierto…

 

Consciente el poeta del final inevitable, en Las horas de enero reflexiona sobre la muerte.

 

…Ya rasga el aire el persistente tictac

del tiempo. Ya los cuentos

aletean por mis ojos Ya las sombras

Ya la noche Ya las horas

 

Ya el silencio.

 

En la segunda parte del libro, Confusiones, el poeta penetra en las horas de su oficio, en el quehacer poético, en el poder creativo del lenguaje. Así se refleja en Grito de la necesidad, donde los encabalgamientos visten el verso.

 

Poesía es voz del sentimiento, grito

de la necesidad. Lo sé. Por eso

los paisajes

se pintan de lavandas, jaras

y bosquecillos de encinas; los ocasos

arremeten contra el sol vencido de horizontes,…

 

El autor da a las palabras el valor apasionado de quien vive por ellas, del poeta.

 

No vivimos

en las cosas; habitamos

las palabras

que vuelan en el alma y luego

son luz

y aliento

y nombre y realidad

del mundo…

 

La tercera parte del libro, En horas de amor y desamor, se define en su propio título. En Carta devuelta, retornamos al soneto espléndido, que se resbala dulce y líricamente por nuestro interior, por ese arte de saber colocar los acentos en el sitio preciso.

 

Después de aquel final sin despedida,

sin lágrimas ni adiós ni un sólo beso,

creí que los finales eran eso,

sólo el azar de una ocasión perdida…

 

Julio se adentra en el octosílabo en En nombre del amor vengo.

 

…Si abrazado a los sentidos

por ti muero y por ti vivo

mis sueños tiene rendidos

de ti el amor que recibo…

 

Julio  González Alonso en la cuarta parte del libro, La luz de las ciudades, nos acompaña en los recuerdos de sus viajes y nos muestra esos paisajes urbanos y humanos que le han inspirado. Veamos de su mano París.

 

…No puedo escribir París; sólo razón, filosofía, barricada

de jóvenes airados, años repitiéndose a sí mismos

e interminable abrazo, futuro, espejo

en el que encontrarnos siempre

con el alma desnuda. Si no puedo escribir París

escribo el mundo.

 

De Madrid, el homenaje final a la ciudad que acoge a Cervantes.

 

…Sonó la hora

en torrente poético y don Quijote

vino, después de muerto, a sentar plaza.

 

Los designios es el título elegido para finalizar el libro. Nos mezclaremos en sus páginas con las deidades clásicas, con sus héroes, en los que nos veremos reflejados, pues al fin sus sueños y sus miserias son las mismas desde que el mundo es mundo. En Los dioses el poeta nos muestra esa unión con lo humano, ese deseo por hallar la felicidad, truncada una y otra vez por la muerte.

 

…Sólo es que los dioses no podemos

renunciar a lo que somos ni al destino

inmortal, ni a ser eternos

y en cada hombre ser crucificados.

 

En el sugerente poema Corre, caballo de lascivia, nos invita el poeta a disfrutar de la vida antes de que el tiempo nos la trunque.

 

…Antes

de que el tiempo

se haga pausa

en el pulso de tus sueños, surco en la geografía de tu cuerpo,

distancia

en lo profundo de la mirada de tus ojos,

muerte. Antes de que la felicidad quede a tus espaldas

 

Cuando he cerrado el libro tras haberlo degustado durante largos días, y antes de ponerme ante el teclado, sólo me ha venido una palabra a la mente: Poesía. Estamos ante un poeta que hace poesía verdadera, ante un poeta que domina el género, los metros clásicos, los acentos y que se desenvuelve con maestría, sin renunciar a dotarlos de cierta estructura, en el verso libre. Pero, por encima de todo estamos ante una poesía que nos llega, que estimula las fibras necesarias que desembocan en la emoción. Y lo hace sin trampas, sin concesiones a la sensiblería, ni a la cursilería. Estamos ante un poeta, Julio González Alonso, y ante un arrebatador libro  de poesía, Lucernarios. Bienvenido y bienhallado sea.

Un fuerte abrazo, Julio.

Juan Francisco Quevedo

 

 

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14 respuestas a Julio González Alonso-Juan Francisco Quevedo

  1. Es el primer mensaje que me llega de este blog. Gracias.

  2. Gracias, querido amigo por permitir el acercamiento a la poesía de Julio G. Alonso. Para mi siempre es una motivación para continuar leyendo, escribiendo y confiando en el poder revelador y sanador de la palabra bien tejida. Enhorabuena al autor.

  3. olvido dijo:

    Qué bello, gracias por introducirme a este autor. Lo leere

  4. Poli Impelli dijo:

    Qué bello, Juan Francisco. Gracias, una vez más, por presentarnos a otro valioso autor. Me ha encantado su poesía 🙂
    Saludos infinitos.

  5. Amigo Juan Francisco:
    Como he dejado dicho y escrito en tu página de Facebook, encontrarme con un comentario como el que has escrito sobre el libro “Lucernarios” no sólo me llena de alegría y reconocimiento, sino que supone una inyección de razonable optimismo y un estímulo para afrontar la escritura de nuevos poemas. Tu apoyo generoso e incondicional no tiene precio. Estas son las buenas noticias que alegran la vida de alguien que intenta y procura escribir. También es un reto, pues lo que venga más tarde no debe defraudar lo ya pasado. Pero son los retos que me gustan y a los que me empujan palabras como las tuyas.
    Siempre gracias. Recogeré tu escrito como noticia en la sección del cuaderno Lucernarios, homónimo del libro, para el recuerdo, el buen recuerdo, de lo que la poesía me ha traído y regalado.
    Un fuerte abrazo.
    Salud.

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