JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN “EL ARTE DE QUEDARSE SOLO”-Juan Francisco Quevedo

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN (2017)

EL ARTE DE QUEDARSE SOLO

EDITORIAL RENACIMIENTO

IMG_20170519_211234

Yo no soy un crítico literario pero si soy un lector muy crítico. Y con muchas horas de vuelo.

Yo creo que este puede ser un buen comienzo para hacer una inmersión en las páginas de “El arte de quedarse solo” de José Luis García Martín, un libro plagado de frases brillantes, de pensamientos inteligentes y, en casi todas las ocasiones, provistos de una fina ironía.

No se puede acometer la lectura de la obra sin ver al autor detrás de cada palabra; no en vano son retales de su propia vida que expone en público y al público lector. Como lleva haciendo, en forma de diarios, desde finales de los ochenta. Y, claro está, la mirada hacia sí mismo es complaciente y contradictoria; sin embargo cuando mira hacia los demás, la perspectiva cambia y se suele volver más intemperada. En cualquier caso, nunca defrauda.

Del excelso poeta, esencial en mi opinión, están sus poemas en la memorable antología “La aventura” o en el magnífico libro “Presente continuo”. Su lírica es una fuente inagotable de belleza, donde hace un uso ejemplar de la expresión más elevada del lenguaje, como dice el acertado tópico sobre la poesía. Del crítico más crítico, fundamental en estos tiempos de corrección extrema, están su legión de seguidores y detractores que esperan con ansiedad sus libros y artículos. Ahora bien, en los diarios, este género autobiográfico al que se entrega desde hace años con precisión micrométrica, descubrimos al hombre. Al que nos deja ver entre líneas, aunque a veces sólo descubramos al personaje que se crea literariamente para sentirse a salvo, para parapetarse tras él. Lo que, probablemente, a su pesar, le aproxima al resto de congéneres.

Cuando uno lee la contraportada de “El arte de quedarse solo”, enseguida entiende las palabras de la prueba de acceso como un perspicaz desafío para invitarnos a abrir el libro. Y desde luego lo consigue. En ningún momento me ha irritado su lectura, como también parece sugerirnos,  pero sí me ha sacado más de una sonrisa, además de haberme invitado a la reflexión. Ahora bien, en todo momento me ha admirado la prosa fluida, sutil y clarividente de José Luis García Martín.

No tarda el lector en percatarse de la necesidad  del autor de sentirse como un ser diferente, hasta el extremo de que tan solo se reconoce en los demás en los defectos propios, lo que hace, por tanto, que éstos lo parezcan menos, al ser comunes al resto de los mortales. No sé si es deliberado pero conociendo la perspicacia del autor me temo lo sea. Y lo hace siempre desde el humor, desde esa ironía que nunca llega a herir, al menos en este libro.

No duda en afirmar que al igual que a todo el mundo, siempre le gusta ser el eje central de cualquier reunión. Y  aunque no lo diga, también es como todo el mundo cuando asevera que sólo habla idiomas extranjeros cuando “no hay ningún español delante”.

O también cuando afirma:

“Me gusta tomarme a broma mi vanidad, una de las pocas cosas que tengo en común con el resto del mundo”

“Nunca he estado enamorado de verdad, salvo de mí mismo (pero en esto último creo que coincido con la mayoría de la gente)”

Con esa pincelada humorística, que hace aflorar la sonrisa complaciente del lector, nos damos cuenta de que no alardea precisamente de modestia, ni tan siquiera en su versión de pega-la falsa modestia-. En la alta consideración en la que habita, donde sólo le interesa realmente su propia opinión, no necesita de ella. Le sobra cualquier inmodestia, sin por ello ser vanidoso, ya que el “qué dirán”-del que siempre están pendientes estos petulantes- le interesa poco o nada. Con lo cual, hasta en esto de la vanidad es peculiar.

José Luis García Martín nos envuelve en una prosa atrayente, cargada de sugerentes imágenes, lo que contribuye a que en muchos pasajes aflore inevitablemente el poeta, haciendo de la lectura un viaje lírico por los lugares y situaciones que nos presenta. Es entonces cuando el placer de la lectura nos sobrecoge. Leer por el placer de leer es una consecuencia de la necesidad del autor de escribir por el placer de escribir; al final no es más que la plasmación del ideal clásico griego de “la belleza por la belleza” que, en el caso de José Luis García Martín, aún no se ha contaminado, como pasó con la adaptación romana del ideal, por la concesión patricia hacia la comodidad. Es literatura en estado puro.

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos del autor-aunque con José Luis García Martín nunca se está seguro de si está tendiendo una trampa- por parecer extraño y por estar por encima del bien y del mal, no puedo evitar encontrarme ante un personaje tierno que en su particular sentido del humor, se compara en las primeras páginas con Sheldon, el entrañable y maniático personaje de “La teoría del Big Bang”.

Y desde luego, no puede ser tan malo como pretende hacernos creer alguien que sostiene, con su particular visión, no haber roto ninguna amistad. Claro está, con el estrambote de por su parte.

Por cierto, el autor confiesa que una de sus ocupaciones favoritas es confeccionar listas y la primera de ellas y a la que se entrega con más denuedo es a aquella que surge bajo el epígrafe de “gente a la que quiero”. Uno no puede dejar de pensar que tras esa tan poco inocente afición está la necesidad de aventar su propia leyenda negra. Y claro, enseguida me vienen a la memoria las listas del príncipe Carlos, el díscolo, malhecho, jiboso y con pocas luces hijo de Felipe II, que son el origen de la leyenda negra española.  Al morir se le encontraron unos papeles con dos listas, la de sus amigos, encabezada por Isabel de Valois, y la de sus enemigos, encabezada por su padre. Sin duda, el hecho de que Felipe II le birlase la novia debió de influir en algo. Al menos el destino hizo un poco de justicia y consiguió que las tumbas de Isabel y Carlos se encontrasen, frente a frente, en el Panteón de Infantes del monasterio de El Escorial. Si de esas listas surge una ópera como el “Don Carlo” de Verdi o un drama como el “Don Carlos” de Schiller , de éstas otras han surgido libros como “Presente continuo” o “El arte de quedarse solo”. Vaya lo uno por lo otro.

En fin, alguien que dice que “lo que de verdad nos mantiene vivos es tener un buen enemigo que combatir” nos está dando el reflejo de algo tan común al ser humano como la inseguridad a la hora de relacionarnos, algo que hace decir al autor tener “La sensación de estar sujeto con hilos fragilísimos a los demás y que esos hilos pueden romperse en cualquier momento”. Me temo que es mucho más humano de lo que insinúa tan abiertamente y que parafraseando a Hölderlin puedo decir que el hombre es un dios cuando escribe.

De todas maneras, en una gran parte de los pasajes de “El arte de quedarse solo”, lo de menos es lo que cuenta José Luis García Martín, lo de más es cómo lo cuenta, ya que tiene la habilidad de convertir el detalle cotidiano más nimio de su estructurado día a día, por la magia y el ingenio de su pluma, en una aventura fascinante, salpicada de las contradicciones y sentencias que acompañan a un hombre sabio.

Durante toda la lectura, uno nunca sabe si tras esas letras está el autor, o si se esconde en ellas el personaje literario que se ha encargado de pertrecharlas, que no es exactamente un alter ego del autor sino que es el propio autor que se asoma a través de un perfecto traje de sastrería hecho a medida. Sea como fuere, el traje le sienta de maravilla.

Quizás cuando más se intuya al autor, cuando más se vea su verdadero yo, es cuando más descubrimos su parte más humana. Cuando, sin evitar intuir cierta decepción, afirma cosas como que no hay mejor amor que el de una noche. Es fácil deducir que siempre ha sido sencillo jurar amor eterno… hasta mañana. Sin ningún tipo de compromiso. O como cuando afirma que disfruta llevando la contraria y polemizando con gente inteligente, en especial con los amigos. Así afirma al referirse a uno de ellos: “Con quien tantas discrepancias me unen”.

No obstante, este hombre que presume de vanidoso, presumo que no ha para tanto, como ya dije, al menos no como se entiende habitualmente. ¿Cómo serlo un hombre que reconoce que hay alumnos que lo han superado? ¿Cómo serlo alguien que es incapaz de envidiar el triunfo de los demás? Para añadir a continuación que de ellos, si acaso, envidia el talento. Sin olvidar que éxito y talento no siempre van unidos. Eso es, sencillamente, generosidad y clarividencia.

Al cerrar el libro, surge la misma sonrisa que uno ha esbozado no pocas veces durante la lectura. Estamos sin duda ante un libro que es capaz de llenarnos de emoción; literatura desbordante en unas páginas que son el reflejo fiel de un autor que constituye en sí mismo, como bien se dice en el prólogo, un género literario.

No puedo resistirme a cerrar esta crónica sin la respuesta que suele dar cuando le preguntan si alguna vez ha leído algún libro por obligación:

“-Nunca, me resultaría tan imposible como hacer el amor por obligación (compadezco por eso a los casados y a los estudiantes de literatura)”.

Genio y figura hasta, eso deseo y espero, una lejana sepultura.

Juan Francisco Quevedo

IMG_20170325_104636

Por medio de la lectura es fácil ejercer “El arte de quedarse solo” ante la animada tertulia inanimada de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, Alexandre Bóveda, Valentín Paz Andrade, Ramón Cabanillas y Carlos Casares. El violinista pontevedrés Manuel Quiroga ameniza la silenciosa charla de estos convidados de piedra. O de bronce, como es el caso, por obra y gracia del escultor César Lombera.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en POESÍA. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN “EL ARTE DE QUEDARSE SOLO”-Juan Francisco Quevedo

  1. Poli Impelli dijo:

    Qué hermosa “crítica”, Juan Francisco, y recalco las comillas 😉
    Ya lo tengo anotado a este autor y a su libro, porque es un estilo que me encanta. El título ya me sugiere muchísimo. Gracias por traerlo.
    Fuerte abrazo infinito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s