“Educación nocturna” – Hilario Barrero – Editorial Renacimiento- Juan Fco Quevedo

    “Educación nocturna” 

Hilario Barrero

Editorial Renacimiento (2017)

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Como he dicho en alguna otra ocasión, no soy un crítico literario, pero sí un lector muy crítico que sólo comenta alguno de los libros que le han atrapado. Y es el caso.

“Educación nocturna” es el nuevo libro que nos presenta Hilario Barrero en la editorial Renacimiento. No es un autor prolífico, de hecho publicó su primer libro de poesía, “In tempore belli”, una vez pasada la cincuentena, y desde entonces sólo había publicado “Libro de familia”. Esto hace que “Educación nocturna” sea un libro fundamental y capital en su trayectoria poética, ya que en él se concentran los poemas de un escritor  poco dado a mostrarse ante el lector de poesía. Los poemas reunidos en “Educación nocturna” son una muestra representativa de los que ha escrito a lo largo de toda una vida. Esto hace de esta obra “un libro de libros, donde su autor deja, como dice José Luis García Martín en el prólogo, “constancia de una trayectoria poética y vital.”

En esta antología poética Hilario Barrero navega a través de las procelosas aguas del tiempo y la memoria. Lo hace como aquel que se ve reflejado, absolutamente desnudo y con toda crudeza, en un espejo durante las diferentes etapas de su vida. En las sucesivas imágenes que van pasando, proyectadas y plasmadas en poemas, el poeta va recordando lo que fue, las distintas proyecciones de sí mismo que ha venido siendo a lo largo de la vida hasta llegar a esos últimos reflejos en los que se contempla con la vejez asaltando su piel.

El libro se abre con el poema “Autorretrato”, cuyo título no hace sino adelantarnos lo que supone “Educación nocturna”, una sucesión de pequeñas representaciones  del propio autor, retazos y rasguños de una biografía que avanza sin miedo y con lirismo por los descubrimientos adolescentes del amor y el sexo hasta penetrar en los paisajes que proporciona esa edad madura en la que se encuentra.

En “Travesía”, la primera parte de la antología, el título parece aludir con acierto al aprendizaje vital que conlleva el simple hecho de vivir y acumular experiencia, con una característica muy especial en este caso, ya que lo plantea y lo hace desde una perspectiva, quizás, más alienada debido a los condicionamientos y barreras morales que encontró durante esa época en la que la inmoralidad imperante pareciera ser el guardián de un deseo que debía permanecer escondido. Y cuando afloraba en la intimidad podía provocar incluso un sentimiento de culpa.

Hilario Barrero colma los poemas de tensión poética en un juego permanente entre las luces y las sombras, alegoría perfecta de tantas ideas contrapuestas. Es precisamente en esa contradicción permanente cuando verdaderamente existen y se hacen palpables los conceptos abstractos; sería muy difícil comprender la belleza si no existiera la fealdad, el amor si no fuera por el abandono e incluso la vida si no fuera porque se tiene la percepción y la consciencia de la muerte. “Rescoldo” es un poema lleno de simbolismo, dotado de una hermosura exultante, que atrapa de inmediato al lector: “Con rapidez, al levantarse, / arropaba la cama/para que no muriera/la presencia del cuerpo/que lo abrasó en la noche.”

El paso del tiempo es un tema común en la poesía, digamos que es un tópico literario que han abordado desde Horacio a Cernuda, sin agotar por ello su atracción. Pero la poesía de Hilario Barrero lo afronta de una manera diferente, lo que lo hace verdaderamente destacable. Ese “tempus fugit”, paradigma no ya de la poesía sino de la vida, que procede de unos versos de las Geórgicas de Virgilio, es canalizado por el poeta hacia su literalidad, hacia la precariedad que nos acompaña. No lo deriva, como otros, hacia el disfrute vital, hacia el “carpe diem”, sino que en su poesía, el ver cómo se escapan los días como agua entre los dedos, le provoca una angustia próxima al existencialismo. Ese malestar queda reflejado con profusión en muchos poemas, aludiendo con crudeza al deterioro físico que nos somete el tiempo vivido. Un tiempo que nos remite a ese deseo primigenio que va asociado a la juventud, “verte desnudo es recordar/que también tuve un cuerpo/como el tuyo envidiado.”

En la parte final del libro podemos encontrar poemas donde el poeta nos descubre paisajes urbanos desde paisajes humanos. En ellos, partiendo de una supuesta familiaridad trivial, nos arrastra de lo cotidiano a lo trascendente en un quiebro muy atractivo para el lector, “Gentes que a través de los grandes ventanales/ven pasar la vida cada tarde como la vieron ayer y la verán mañana. /Historias repetidas que esperan resignadas que deje de llover.”

Hilario Barrero no puede en este excelente libro sustraerse a su condición de neoyorquino y nos muestra las aristas de una ciudad donde ha disfrutado y sufrido, donde vivió la plaga del SIDA y el derrumbamiento de las torres gemelas, así como el incesante bullicio y el despertar de una urbe que se reconstruye continuamente. Muchas veces lo hace desde el humor y con una mirada un tanto impertinente, “Al quitarnos las máscaras/y mirar ateridos a la luz verdadera/aprendimos de golpe/que habían suspendido el carnaval/por exceso de rostros demacrados.”

La antología se cierra con un magnífico y sobrecogedor poema “Plaza de San Marcos, Venecia”, una composición elegíaca que expone, sin trampas ni tapujos, a su autor y a su obra a la mirada del lector. Es un poema en el que el poeta se adentra en el tiempo y parece contemplarse en otros ojos, quizás en sus propios ojos, quizás en la retina de una ensoñación holográfica de sí mismo tiempo atrás. Se ve en esa otra vida, que transita paralela a su hoy, y que bien hubiera podido ser la suya, “Los contemplan dos viejos sorprendidos, /mil palomas, un bosque de miradas/y una tarde gloriosa de septiembre.”

Por otro lado, es un poema donde he querido descubrir-no sé si con la suficiente perspicacia-, en el sufrimiento que se intuye, el por qué del título de “Educación nocturna”, “Cuando volvió a su casa no lo reconocieron/y tuvo que marcharse lejos de su ciudad a vivir en tinieblas.”

Al cerrar las páginas, tras leer estos dos últimos versos, tras haber respirado con su poesía durante varias semanas, uno tiene la sensación de haber descubierto algo que no sabía, de haber aprendido a mirar el mundo de otra manera. El mundo de Hilario Barrero, visto a través del caleidoscopio de su poesía, me ha ayudado a comprender mejor la realidad en la que estamos inmersos. Lo ha conseguido a través de la mirada de un poeta excelente, a través de la belleza y el lirismo sereno y palpitante de unos versos que llegan al lector como pulsaciones de luz verdadera. La que nace de la sinceridad. El poeta analiza la vida  con la mirada tranquila que  se adquiere con los años, con la sabiduría de un hombre que destila valor y fortaleza por cada uno de sus versos. Y lo hace con un halo de bondad que sobrevuela todas las páginas del libro. Leer a Hilario Barrero, leer “Educación nocturna” es retornar a la poesía verdadera, a esa poesía que es capaz de estimular las neuronas que desencadenan el proceso que nos lleva a la emoción indudable, la que emerge sin trampas fáciles, ni cursilerías gratuitas. Estamos ante el libro de un gran poeta.

Juan Francisco Quevedo

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Una respuesta a “Educación nocturna” – Hilario Barrero – Editorial Renacimiento- Juan Fco Quevedo

  1. olvido dijo:

    Gracias por presentarme a este poeta. A ver si consigo leerlo y disfrutarlo también

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