JUAN MANUEL PUENTE “ESPACIO Y FORMA”-Juan Francisco Quevedo

  JUAN MANUEL PUENTE

“ESPACIO Y FORMA”

 

“La obra de Juan Manuel Puente es de una pulcritud exquisita; destila honestidad y transmite una imponente y solemne serenidad”

“Con unos fondos metafísicos y unos cortes perfectos, limpios y claros, sus collages adquieren profundidades impensadas”

 

El añorado director de la sala de arte Robayera, el artista y pintor de Mazcuerras, afincado en Torrelavega, Juan Manuel Puente, nacido en 1951, expone su obra en la sala Garcilaso de la ciudad del Besaya, en una muestra que lleva por título “Espacio y forma” y que permanecerá abierta hasta el próximo veinte de octubre.

Ya quedan muy lejanas en el tiempo aquellas iniciales exposiciones individuales. La primera, en el año 1971, en Cabezón de la Sal, compartiendo espacios diferenciados con Faustino Cuevas y la siguiente tuvo lugar en el año 1975, en el Círculo de Recreo de Torrelavega. Han llovido sobre las espaldas de este artista numerosas muestras, tanto colectivas como personales, a lo largo de los cuarenta y seis años que han pasado desde aquella primera individual.

La pintura que Puente venía desarrollando era una sucesión de sugerencias que, a través de la materia, nos llevaba por paisajes inopinados hasta desembocar en una naturaleza de horizontes que constituían el atractivo y personal mundo creativo y artístico de Juan Manuel Puente. En esta ocasión, se adentra en el collage, fragmentando los característicos espacios de su obra con otros materiales que se introducen en la misma, proponiendo nuevas rupturas geométricas pero sin abandonar la gama pictórica que le acercaba a lo más terrenal.

En esta exposición profundiza y se adentra en su mundo creativo, formulando al espectador una inmersión en la complejidad, tanto en las nuevas técnicas que adopta como en la concepción de los espacios que se generan a través de ellas. Se introduce en el collage en un afán por explorar y experimentar nuevos caminos artísticos que asume con la paciencia del artesano, hasta llegar a la composición estudiada. Con unos fondos metafísicos y unos cortes perfectos, limpios y claros, el artista consigue que las creaciones adquieran profundidades tridimensionales, a través de formas y planos que nos llevan a sus característicos horizontes inabarcables, pero con unas connotaciones que, más que a la pintura, les acercan a la escultura. De hecho, muchas de sus creaciones, serían, por sus formas envolventes, o por sus formas flamígeras, verdaderas esculturas o formas arquitectónicas que, como las catedrales góticas, se elevan al cielo y “buscan a Dios”. Nos recuerdan a retablos, pirámides truncadas, laberintos que nos invitan a descubrir lo que esconden, a sorprendernos con lo que se oculta a ese otro lado que nos sugiere. Todo en su obra es una invitación a la observación.

Los colores que Puente utiliza se enmarcan en la gama cromática que va de los ocres a los marrones, a los que añade el negro y el azul, con impregnaciones discretas y nada llamativas. Permanece sobrio en el color, como ha venido siendo característico en su pintura, pero siempre con el sabor de la tierra impregnando nuestras retinas. Para ello se vale de la textura y de las vetas de diferentes tipos de papel y de cartones. Con sus composiciones nos lleva y nos transporta a lo primigenio, a esa unión espiritual con lo básico del mundo pero, a su vez, con lo único que se mantiene inalterable. Es un regreso a la propia y verdadera esencia del hombre.

Antes lo  conseguía en gran medida gracias a esas pinturas que elaboraba con sus propios medios, que confeccionaba, como un nigromante, con la vieja alquimia de las mezclas naturales, a base primordialmente de tierra y óxidos, lo que confería a sus pinturas una riqueza expresiva única y fundamental, que se ponía de manifiesto en cada punto de color, escondido y descubierto entre una relajante y aparente monotonía visual. Ahora, lo logra dando esos matices al papel y al cartón, jugando con los colores, al elegir los tipos de sustrato. La obra de Juan Manuel Puente es de una pulcritud exquisita; destila honestidad y transmite una imponente y solemne serenidad.

Estamos ante la obra espléndida de un artista que, aunque circunstancialmente nació en la clínica de La Asunción de Torrelavega, es de Mazcuerras, donde asistió a la escuela y descubrió su facilidad para el dibujo. En su tierra del alma, pintaba paisaje al natural, hasta que se casó y se trasladó a la ciudad del Besaya, donde exploró nuevas y más personales técnicas creativas.

Propongo una visita reposada a “Espacio y forma”, en la que nos dejemos imbuir por la emoción palpitante que se desprende de las creaciones del autor. Más allá de cualquier justificación explicativa, está la capacidad conceptual de la pintura de Puente para hacernos sentir verdaderamente que estamos ante una obra que, en sí misma, desprende belleza, auténtica belleza.

Juan Francisco Quevedo

 

 

 

 

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