ENTREVISTA A JUAN FRANCISCO QUEVEDO

El diario Alerta publica esta extensa entrevista a doble página donde hablo sobre todo de POESÍA. Y también un poco de “El sedal del olvido”.
Juan Francisco Quevedo es un poeta y escritor cántabro, con una trayectoria prestigiosa que, tras haber logrado un importante éxito editorial con sus dos primeras novelas, “Ana en el mes de julio” y “Querida princesa”, se acerca de nuevo a los lectores con una obra completamente distinta, con “El sedal del olvido”,(Septentrión Ediciones), su primer libro de poemas. Sus numerosos seguidores esperan con impaciencia esta nueva apuesta editorial del escritor.
PREGUNTA: Un escritor que en la narrativa ha logrado conseguir un considerable éxito, tanto de crítica como de público, ¿cómo es que cambia de registro y se adentra en el género poético?
RESPUESTA: La verdad es que me ha costado decidirme. Yo me inicié en esto de la literatura desde muy joven precisamente con la poesía, un género que no he dejado de cultivar nunca. Lo que ocurre es que, contrariamente a lo que pueda parecer, hacer poesía, al menos una poesía con mayúsculas, algo que siempre se intenta conseguir, es muy difícil. Yo me encontraba muy cómodo en la narrativa, un género que da mucho trabajo pero en el que piso firme y sin cortapisas; principalmente porque es un género en el que, aunque siempre pueda tener algo de autobiográfico, nunca te desnudas del todo. Con la poesía, sí. De ahí esa indecisión a la hora de dar este salto cualitativo.
P: Ahora hay una proliferación editorial enorme; continuamente aparecen libros de poesía, ¿a qué cree que se debe?
R: Tiene mucha razón. Llega tal cantidad de información que al lector le es muy difícil discriminar a la hora de tomar una elección. La poesía es un género que está al alcance de cualquiera con ciertas pretensiones literarias, pero no se trata de agarrar un papel y un lápiz y comenzar a poner ocurrencias o frases más o menos ingeniosas. A veces incluso procacidades más o menos epatantes, permítame el galicismo. La poesía no se debe concebir para causar asombro, o como si fuera un mero desahogo, sino que debe surgir de la cultura y de las lecturas. Al menos, debe surgir y asentarse sobre esa base. Y luego, con cada poeta tomará su camino, en cuanto a temática, estilo y demás. Es más se puede hacer buena poesía hasta renegando de la tradición, pero nunca si no se hace a la sombra de un sólido bagaje cultural.
P: ¿Cómo entiende la poesía, su poesía?
R: La poesía y más en concreto el poema hay que elaborarlo desde la emoción, si no lleva este componente fundamental puede quedarse en un simple ejercicio lingüístico, cuando no matemático. Es decir, cualquiera puede hacer unos versos aceptables con oficio, pero sólo con eso no se hace buena poesía. La emoción es básica en mi poesía y como dice una definición clásica, con la que no puedo estar más de acuerdo, la poesía, y su lenguaje, es la expresión más elevada de los sentimientos.
P: ¿Cómo consigue trasladar esa emoción al papel?
R: El poema debe surgir como consecuencia de un proceso donde se aúnen lo irracional, los sentimientos emocionales, y lo racional, aquello que viene de la experiencia y de la sabiduría. Mis poemas, casi siempre provienen de mis propias vivencias. Yo soy un poeta que escribe poesía mirándose siempre a sí mismo, hacia el interior, con lo cual nunca falta ese componente emotivo que se asocia a la propia experiencia vital. Nunca busco en otras vidas. Sin embargo, en mi obra narrativa la mirada siempre es hacia afuera, siempre se nutre de lo que acontece a su alrededor.
P: Entonces, ¿cómo surge el poema? ¿Qué proceso tiene lugar para que llegue al papel?
R: No siempre es igual, pero en “El sedal del olvido”, un libro muy pensado y muy estructurado al que he dedicado varios años, el poema surge, y vuelvo a recalcarlo, siempre desde la emoción. Yo no entiendo ninguna expresión artística que no provenga desde la emoción y, en especial, la poesía. Mis poemas suelen surgir de mi propia vida, de mis propias experiencias, asociadas a mi carga cultural. A veces tengo pulsiones internas, que son como reflejos involuntarios del subconsciente que me llevan hacia el poema. En otras ocasiones, buceo en la consciencia de los recuerdos y luego, claro está, hay que tener la perspicacia de dirimir entre ellos para no escoger los que te puedan interesar a ti-que pueden no interesar a nadie más- sino para elegir aquellos que el lector, desde su propia experiencia de la vida, pueda hacer suyos. Cuando lo consigues, cuando el lector se ve concernido en los versos que lee, cuando se implica emocionalmente, la poesía se universaliza, adquiere la capacidad de traspasar sensibilidades, ideologías, culturas y fronteras. Así vemos, como el poeta desde un acontecimiento familiar o cotidiano, incluso aparentemente anodino, trasciende lo personal. Es entonces cuando el poema adquiere otro vuelo y otra dimensión, cuando estamos ante un buen poema.
P: ¿Con su poesía qué pretende explicar? ¿Qué nos quiere decir?
R: Con mi poesía intento trasladar al lector mi visión de la vida, más que del mundo, para quizás ayudarle a comprender mejor las pruebas a las que nos somete ésta y las vicisitudes por las que atravesamos. En definitiva, espero que el lector se pueda reconocer, a través de sí mismo, en esa sucesión de pequeños autorretratos que hay en mi poesía.
P: ¿Qué huella le gustaría que dejara “El sedal del olvido” en los futuros lectores?
R: Sería un poco pretencioso y petulante por mi parte pensar en dejar huella, pero si quisiera, sin embargo, que el libro, al menos alguno de sus poemas, permaneciera en la memoria del lector. No quisiera que fuera uno de esos libros de los que no nos volvemos a acordar nunca, una vez los hemos terminado. No quisiera que cayese en el olvido de quienes se acerquen a él. Es más, me gustaría que con alguno de mis versos, se pudiera conseguir una falacia, cual es detener el tiempo como para, como Goethe, poder decir: “Detente un instante, eres tan bello”. Eso es imposible pero sí aspiro a retener algo de su belleza en el corazón del lector. Conseguir que el lector vaya más allá de las palabras, más allá de su estricta literalidad, para que se adentre en su misterio, en ese milagro que es la palabra poética.
P: ¿Por qué y cómo ha perfilado “El sedal del olvido”?
R: “El sedal del olvido” responde a una necesidad interior de expresarme, a una pulsión que me ha llevado a concebir poemas durante los últimos cinco años con un objetivo claro y meditado: unir en ellos mis recuerdos, los que poseo de aquellos que me precedieron y me acompañaron en la vida, con los de los que aún me acompañan y con los de los que me sucederán. Los poemas que conforman la obra han sido como cuentas sueltas que he ido añadiendo a un sedal hasta formar el collar con el que intento unir a los miembros de las diferentes generaciones que han significado algo en mi vida. Es un poco como el mapa de mis sentimientos, reflejado en los recuerdos que éstos me suscitan. “El sedal del olvido” emerge como un grito hondo y sereno contra la indiferencia en que nos sitúa el tiempo.
P: Si tuviera que definir de alguna manera la poesía de “El sedal del olvido”, ¿qué nos diría de ella?
R: Lo primero y fundamental que tendría que decir, es que quiero hacer una poesía que llegue al lector sin la dificultad añadida de un lenguaje y de una intención críptica e indescifrable. Si la poesía no se entiende, siempre es culpa del poeta. Yo no quiero que mi poesía aparezca como un ornamento inútil, aunque pudiera parecerlo; intento hacer una poesía precisa, sin concesiones lingüísticas ni alharacas festivas, donde no falte ni sobre una palabra, una poesía que de alguna manera enlace con la tradición, aunque con una mirada muy personal. Una poesía en la que uso la cadencia silábica como contención, para no dejarme arrastrar hacia la prosa poética. Una poesía con una pulsión rítmica que consiga que el poema llegue al lector con el sonido de la buena poesía. En el libro, podemos encontrar metros clásicos, como el soneto, el romance, las décimas o los tercetos encadenados conviviendo con muchas composiciones de verso libre, lo que dice mucho de mi visión ecléctica del lenguaje poético. En cualquier caso y en resumidas cuentas, tal y como digo en el prólogo, aspiro a hacer una poesía sin artificios, que acuda al papel de una manera comprensible, limpia y diáfana, para que llegue al hipotético lector desde la sinceridad.
P: ¿Por qué da usted tanto valor a la emoción y a la sinceridad en su poesía?
R: Porque quiero que mi poesía destile verdad. Desde la proximidad que imprime la verdad espero ser capaz de conmover y de emocionar al lector, pero sin estridencias fatuas. No quiero hacer solo un poema correctamente construido, quiero dar un paso más y encontrar la complicidad del lector para que luego éste, desde su propia experiencia, desde sus vivencias, haga sus propios descubrimientos. Y eso sólo lo consigo desde la sinceridad más desnuda, la que emana de mi yo más íntimo.
P: ¿Qué temas aborda en los poemas que conforman el libro?
R: Siempre intento buscar esos temas que desde Homero ya conmovían al hombre, el paso del tiempo, el milagro de un amanecer, la infancia como vehículo de conocimiento interior… Son temas universales y muy manidos, además de tópicos, pero que con la experiencia de cada uno, en este caso mi propia vida, hace que adquieran una impronta especial, ese vuelo personal que lo hace diferente al resto. Luego, claro está, confío en mi propia habilidad para atrapar al lector. Si lo consigo, estamos ante un buen poema y espero que alguno lo sea.
Y desde luego que Juan Francisco Quevedo Gutiérrez lo consigue. En “El sedal del olvido” los versos fluyen a través del mapa sentimental del autor, que se adentra en esos temas universales que siempre han interesado al hombre, el paso del tiempo, el amor, la infancia, la muerte…, con un lenguaje hondo, barroco en ocasiones y siempre lleno de un lirismo que impregna toda la obra. Se encuentra perfectamente estructurada en varias partes en la que el poeta reflexiona con una mirada nostálgica y llena de ternura sobre la infancia, la juventud, el amor, los hijos y los paisajes de su vida. Después, esa mirada se vuelve dura, como la propia vida, cuando indaga sobre los peligros que acechan al hombre, el paso del tiempo, la enfermedad y la muerte. Un libro cuya lectura se hace inexcusable y que nunca dejará indiferente al lector.
El escritor cántabro, nacido en México, presentará este nuevo libro el próximo jueves, 28 de septiembre, a las 19,30 horas en el Ateneo de Santander. La presentación correrá a cargo del secretario general del mismo, Jesús Cabezón Alonso, del editor y poeta Carlos Alcorta y del ex consejero de Cultura del Gobierno de Cantabria Francisco Javier López Marcano. Además, intervendrá, mediante una grabación de vídeo, la profesora de español de la Universidad de Harvard doña Claudia Quevedo-Webb.
Además de en el Ateneo de Santander, el libro será presentado en su pueblo de origen, en La Cavada, el próximo viernes, 13 de octubre, a las 20.00 horas, en el Centro Cívico Carlos III. Después, el autor de “El sedal del olvido” continuará la gira de presentaciones por Madrid, Galicia y diversas localidades para recalar el tres de noviembre, a las 20.00 horas, en la librería Dlibros, en Torrelavega.
Sin duda, cualquiera de estos lugares es una cita obligada para los seguidores de la literatura de Juan Francisco Quevedo así como para los amantes de la buena poesía. Nos encontramos ante un magnífico libro poético cuya lectura nos llenará de belleza

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6 respuestas a ENTREVISTA A JUAN FRANCISCO QUEVEDO

  1. Juan Francisco, aprovecho estas líneas para hacerte llegar mis felicitaciones. Se te ve pletórico y muy activo en estos órdenes de la vida y la literatura, y es un verdadero placer constatar la buena acogida de tus trabajos y el reconocimiento recibido.Un abrazo, maestro.
    Salud.

  2. Stella dijo:

    Mucha éxito con el nuevo libro.
    Un abrazo fuerte desde Uruguay.

  3. Todo el éxito que te mereces, poeta, y más aún. Muchas felicidades, Juan Francisco. Te mando un grande abrazo transatlántico.

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