JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES PALABRAS QUE NO CAMBIARÁN EL MUNDO – Juan Francisco Quevedo

llamazares

JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES

PALABRAS QUE NO CAMBIARÁN EL MUNDO

SEPTENTRION EDICIONES (2017)

Cuando leemos el subtítulo del libro, “Veinticinco años de columnismo”, uno no puede menos que sobrecogerse ante el amplio período temporal que comprende; estamos ante una selección de los textos publicados a los largo de toda una vida dedicada al periodismo por un autor que está a punto de cumplir cuarenta y cinco años. Es decir, ante la obra plasmada en prensa de un escritor al que, a pesar de su considerable bagaje profesional, aún le espera un futuro largo y prolífico. Así debiera ser y así se lo deseamos. La actividad literaria de Javier Menéndez Llamazares no se limita únicamente al diario escrito sino que abarca otros géneros que van más allá del ejercicio frenético y de la disciplina férrea que exige el columnismo de opinión. Actualmente el autor leonés, afincado en Cantabria, tiene publicadas dos novelas, así como una colección de relatos breves y un libro de poesía, lo que da idea de su inquietud creadora y de la variedad temática que aborda desde su escritura.

El periodismo diario, sometido a la pauta de las aproximadamente trescientas o cuatrocientas palabras de la columna de opinión, convierte su ejercicio en una actividad rabiosa y metódica que es impulsada por dos catalizadores esenciales, el raciocinio y el dominio del lenguaje.

Es evidente la necesidad imperiosa, para aquel que pretende ser crítico con lo que acontece en su entorno y en el mundo, de tener la capacidad, la originalidad y la visión personal para poder analizar, escrutar y plasmar esa realidad que nos asalta casi sin darnos tiempo a reflexionar sobre ella. Esa inmediatez debe ir cosida a la sombra, y a los zapatos, del articulista de opinión. Aquel que asume este oficio y esta responsabilidad debe ejercerlos con criterio y personalidad, los que dan la racionalidad y la imaginación; en definitiva la inmediata capacidad creadora.

Ahora bien, esa capacidad creativa, tamizada por el fino chino de la razón, ha de trasladarse al papel, para lo que es imprescindible otro enzima que sea capaz de desencadenar el proceso que lo haga posible. Esto se consigue con un dominio del lenguaje preciso, certero, desde el que, con las armas que están a  nuestro alcance, a través de la palabra, ironía, sarcasmo, metáforas, figuras retóricas y todo ese arsenal de que dispone la lengua, seamos capaces de enunciar con sabiduría y voz propia aquello que con el raciocinio queremos expresar.

Javier Menéndez Llamazares posee estas cualidades esenciales, una prosa fluida y cercana, que involucra de inmediato al lector, y una capacidad analítica encomiable para desmenuzar con un criterio particular desde los acontecimientos más cotidianos hasta los más enrevesados. Y todo ello lo hace con una voz personal.

  1. M. Llamazares descifra todo lo que acontece a su alrededor con una mirada amplia y crítica, complaciente también en ocasiones, pero siempre honesta, lo que le convierte en una referencia creíble para sus lectores y ése es el principal activo sobre el que se sustenta un columnista de prensa, su credibilidad. En ella y sobre ella se vertebra y cimenta el seguimiento de unos lectores leales que, aunque puedan, y deban, ser críticos y discrepantes en ocasiones, siempre se acercan a las páginas del periódico buscando con interés la firma de aquél que se ha ganado su consideración y, con ella como aval inequívoco, el autor puede complacerse del prestigio que goza la cabecera que precede a sus artículos.

Esta compilación de columnas periodísticas, que nos presenta en una edición muy cuidada la editorial Septentrión, dirigida por Carlos Alcorta, está dividida en cinco partes donde se agrupan los artículos por temas. El tiempo cronológico que abarcan va desde esa fecha de su primera aparición en la prensa, un ya lejano veinte de mayo de 1993, hasta 2017. La temática que aborda desde sus páginas es muy variada, pudiendo ir desde artículos más costumbristas, más agarrados a la realidad diaria, hasta otros que analizan la realidad política, pasando por aquellos que hablan y nos acercan a los ambientes culturales o incluso otros de carácter deportivo que se inmiscuyen directamente en una de sus grandes pasiones, el Racing de Santander. Sin olvidarnos, por supuesto, de aquellos en los que se refiere a los lugares donde ha estado y se ha sentido más arraigado, Cantabria, León, Colonia y La Bañeza.

Como se puede ver es una selección variada y representativa de las sucesivas realidades que, con celeridad, se han ido sucediendo a lo largo de esos veinticinco años de profesión devota, realizada con el buen criterio del periodista Carlos Bribián. Es un libro concebido para perdurar, para constituirse en un aliado de la memoria interpuesta del autor entre el papel y el lector. Quiere dar testimonio de un tiempo, el que se corresponde con el trabajo de tantos años de actividad en la prensa diaria, de tanta dedicación a esta vertiente del periodismo que constituye en sí mismo un verdadero género literario, el columnismo de opinión.

Es muy difícil encontrar una fórmula magistral para dar con las proporciones adecuadas que hagan que fluya un buen artículo de opinión. Quizás, si sabemos mezclar e integrar sabiamente una serie de ingredientes, consigamos dar con un producto final que sea capaz de interesar al lector y que cuando acuda al kiosco a comprar el periódico busque con rapidez esa página donde está ese artículo, de ese autor, que tanto le interesa.

Tal vez la fórmula recetada por los expertos en este arte tan difícil de expresar la opinión haya de llevar mucha honestidad, una gran cantidad de credibilidad, una mirada personal no excesivamente complaciente, una gran capacidad de discernimiento, un espléndido dominio del lenguaje, una pizca de insolencia, cuando no de ironía, y, todo ello, no estaría de más que fuera aderezado con un chorro de inteligencia y un toque de independencia de pensamiento que, al fin, es lo que le da verdadera distinción al acabado final.

Cuando el lector detecta estos ingredientes es porque, sin la menor duda, nos encontramos ante un articulista de verdad, de verdad y esencia, un escritor que escarba en la superficie de los acontecimientos para encontrar las palabras necesarias, aquellas con las que muestra al lector la realidad escondida de un presente que se escapa como el agua entre los dedos ante la locura en la que, la mayor parte de las veces sin pretenderlo, nos vemos inmersos.

Todas estas proporciones, todas estas cualidades son las que adornan y distinguen las columnas de Javier Menéndez Llamazares, unas “Palabras que no cambiarán el mundo” pero que, sin duda, nos lo harán bastante más llevadero.

Juan Francisco Quevedo

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