JOSÉ LUIS MUÑOZ SÁEZ-CANTO DE GORRIONES-Juan Francisco Quevedo

JOSÉ LUIS MUÑOZ SÁEZ-CANTO DE GORRIONES

BOHODÓN EDICIONES 2017

JOSÉ LUIS MUÑOZ SÁEZ-CANTO DE GORRIONES

BOHODÓN EDICIONES 2017

Como digo siempre, yo no soy un crítico literario pero sí soy un lector muy crítico. Además, de los que sólo comentan algunas de aquellas lecturas que realmente le han provocado emociones verdaderas. Eso hace que nunca escriba crónicas rutinarias, como tantas veces vemos en tantos lugares, como tantas veces vemos en tantas críticas confeccionadas al hilo de las prisas, cuando no del encargo y la obligación. Y este “Canto de gorriones” es de los que te mueven y conmueven las entrañas al desenredarlo. Su autor, José Luis Muñoz Sáez, nacido en Madrid en 1961 es un poeta cierto, un poeta al que, como dice en la solapa, hay que buscarlo “en las orillas de sus libros; firme, cumplido, altivo entre los álamos”.  Sin duda, nos encontramos ante un hombre que ha explorado su yo más íntimo a través de las más variadas técnicas poéticas; es un poeta que domina este arte como pocos, con maestría, oficio y sentimiento, dando lugar a composiciones hermosas, invadidas por un lirismo sereno y apacible que logra conectar con el lector en ese terreno tan complicado que gira en torno y alrededor de los sentimientos. El libro no sé si guarda un orden cronológico en cuanto a la aparición de las composiciones aunque, desde luego, sí parece responder a una cuidada y selecta colección de poemas realizada en diferentes etapas de su vida y agrupados en diferentes bloques temáticos.

El dominio del verso y el gran sentido musical de José Luis Muñoz presiden un Canto de gorriones que más se nos antoja de ruiseñores. La variedad métrica del libro es evidente, pudiendo saborear sonetos clásicos, junto a romances octosilábicos y una serie de composiciones que, nutriéndose de la tradición, sorprende por su gran fuerza expresiva.

Esas “Primeras poesías” se abren con tres romances y un soneto excepcionales, de corte clásico y lenguaje cuidado con lo que recoge la tradición, heredada a través del veintisiete, y lo convierte, en su voz, en un discurrir lírico fascinante: “-Corazón ayer sonoro, /di, ¿quién te quitó la pena?/ Las rosas que no quisiste/espinas de amores llevan”.

En sus “Segundas poesías” el cuarteto endecasílabo rimado predomina y, como sucede a lo largo del libro, el poeta nos muestra su predilección por esta estrofa. Y será con esta técnica con la que nos ofrezca una sabia y delicada “Receta para soñar”: “Sírvase, con las manos de la mente, /en el vaso del alma soñolienta, /luz y sombra, calor y viento leve/ de ese abril ya futuro en que se sueña”.

En la tercera parte del libro, “Pintar un cuadro” el poeta pone música al verso y al cuadro, ubicado en los pinceles y en la paleta de un estilo pictórico y así en “Impresionista” no podemos sino dejarnos llevar por la evocación de esa luz mediterránea que se desprende de los lienzos de Sorolla: “La brisa trae aromas de salitre. /La espuma de las olas se derrama/en blancos algodones despintados/que inundan las arenas de la playa”.

Vamos progresando en la lectura de unos poemas agrupados con criterio en diferentes secciones hasta llegar a “Melancólicas”, donde el poeta suspira por lo etéreo, a veces por ese eterno femenino que dijera Goethe y como Fausto redimirse por el amor de Margarita:“… al cielo nos conduce el eterno femenino” Goethe(Fausto-Acto V).

“Algo que huele a sol perfuma el alma/de ignotos y exquisitos oros nuevos. /Dame, mujer, tu aroma, que en la nada/está lo sustancial, lo azul, lo neto”.

El libro sigue progresando y abriéndose camino entre “Realidades” y “Miradas” para conducirnos a la particular mirada que el poeta realiza al amor, al que homenajea con esa musicalidad que sólo nos da la inspiración, el sentido poético del ritmo y la solidez cultural del que se enfrenta a la soledad del acto creativo: “Y de tu risa; rosas, madreselvas, /fragantes mariposas de romero, /perfumes de geranios infantiles/a la orilla naciente de febrero”. Cuando el poeta se mueve en el terreno de los sentimientos, cuando siente la pérdida de aquello que se ama, no es ajeno al “Llanto”: “Te has ido para siempre/al mundo más lejano. /Sin ti mi vida es nada, /sin ti, mi amor, soy llanto”.

Más tarde, la voz poética se torna melancólica; es tiempo para la añoranza, para girar la vista al pasado, al tiempo del descubrimiento: “Caen las palabras. /Entre azules sedas/las bocas duermen y los labios lentos/de la nostalgia se desnudan. Solo/los ojos saben el vibrar del sueño”.

Reminiscencias y ecos machadianos inundan este “Canto de gorriones” cuya filosofía se impregna del sentir del poeta del noventa y ocho, de esa poesía de la claridad, de esa poesía meditativa que todo lo abarca, que con todo emociona: “Sé rebelde y constante. De tu aliento/nacerá junto a ti la flor de enero/más allá del más puro pensamiento”.

Hay un sitio entre los versos para la tierra, para esa Andalucía de sus ancestros, para esa Castilla de “polvo sudor y hierro”, para ese Madrid castizo que le viera nacer: “Qué ignota lejanía la del sauce/con voz de caracola. /Llueve, y en Madrid nadie, nadie sabe/si canta la cigarra, si duerme la amapola/si silba y silba el bosque en los mimbrales/su aliento sobre el mar, o si la ola, /con traje de algodón y eternidades, /entona su canción al sauce sola”.

Con un gusto exquisito por lo clásico nos regala José Luis Muñoz estas “Semblanzas”, en las que, como en un juego de palabras, nos atrapa con el verbo seductor de sus versos: “Por gusto vivo/y a fuerza muero, /nada persigo/ni nada quiero. /Si a fuerza muero/por gusto vivo. /Si nada quiero/nada persigo”. Entre sentimentales dedicatorias vamos llegando al final del libro, al soneto que dedica a su hijo Alberto, a unos versos donde asume la consciencia de la libertad de un ser al que ha dedicado su vida: “Has crecido en la dicha amanecida. /Sé valiente. El temor ya no te ciega/porque tú eres dueño de tu vida”.

Cuando uno cierra las páginas de este “Canto de gorriones”, le es fácil imaginarse al poeta, a José Luis Muñoz Sáez, en toda su humanidad, con toda ella volcada en los dos últimos poemas, en un adiós que suena casi a testamento poético, a versos finales. Esperemos que no sea así, que “cuando llegue la lluvia” su voz siga resonando en la conciencia de sus lectores con ese lirismo sólo al alcance de los buenos poetas. Y José Luis Muñoz Sáez lo es, sin el menor atisbo de duda.

Juan Francisco Quevedo

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Una respuesta a JOSÉ LUIS MUÑOZ SÁEZ-CANTO DE GORRIONES-Juan Francisco Quevedo

  1. Felisamaría dijo:

    Me gustó lo que escribiste.

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