MEMORIAS DE JUVENTUD IV-Juan Francisco Quevedo

1977

IV

Desde luego, muchas cosas estaban pasando en el país y en el mundo mientras finalizamos los estudios que nos habrían de llevar a la universidad; era el signo de los nuevos tiempos. Unos tiempos donde todo cambió tanto en tan poco tiempo; una nueva sociedad emergía para revolucionar el futuro, para cambiar las rígidas normas sociales, para dulcificar tanto las relaciones familiares como las relaciones en el mundo de la enseñanza, haciéndolas mucho más flexibles y cercanas. Y menos autoritarias. Ya poco faltaba para que lo mismo acabara pasando en todos los ámbitos del país, incluso en aquellos más reacios a cualquier cambio y, con la llegada de la transición y la democracia, así será también en los estamentos políticos y militares.

Que algo importante pasaba lo empecé a percibir en el día a día de mi colegio; los Padres Agustinos nos formaban militarmente y por cursos en filas en el patio todas las mañanas. Luego accedíamos a las clases en dos columnas, manteniendo perfectas las alineaciones, y al que se saliera de ella le caía un capón generosamente doloroso. Todo eso cambió y cambió de repente. Y yo, como mis compañeros de aquella última generación de bachiller fuimos testigos privilegiados de esas transformaciones tan radicales.

Se venía de una época de un autoritarismo a ultranza, también en la familia, que se va a ir diluyendo para que afloren unas relaciones más francas, con una complicidad más natural, en la que el diálogo empezará a imponerse sobre la mano dura. Como consecuencia se producirá una tensión generacional en todos los ámbitos de aquella España de la Transición: en la escuela, en la familia, en la universidad, en el ejército, etc.…

La fuerza de los acontecimientos es imparable; la fuerza de esta nueva sociedad es arrolladora y acabará imponiéndose sin remedio, dejando como una reliquia del pasado a todos aquellos que se resistieron a esa nueva España que estaba surgiendo a raíz de todo aquel proceso de cambios políticos y sociales. Fueron unas transformaciones que cambiaron la mentalidad de la sociedad a una velocidad de vértigo, cambios en los que la aportación de la mujer será decisiva. Irá masivamente a la universidad y empezará a hacerse notar en la vida pública. Se hará visible, máxime teniendo en cuenta de dónde venía, siempre relegada a la supervisión, bien del padre, bien del marido.

Hay que tener en cuenta que lo más escandaloso y excitante que había ocurrido en este país, desde el final de la guerra, había sido el estreno de Gilda, protagonizada por una bailarina, convertida, después por matrimonio, en princesa, de nombre artístico Rita Hayworth. Charles Vidor la hizo desnudarse, sólo de guantes largos, en una de las escenas más sensuales de la historia del cine, al ritmo de la canción Put the Blame on Mame. Una estupenda bailarina como esta Rita Cansino, que luchaba por disimular su embarazo durante el rodaje, no estaba dotada para la canción, así que hizo su excelente interpretación pidiendo la voz prestada a la magnífica cantante Anita Ellis. Nunca un desnudo, tan corto como sutil, dio tanto que hablar. Nunca ningún desnudo integral sería tan espléndido, excitante y maravilloso como el desvestir de aquellos preciosos brazos.

Con las nuevas generaciones pareciera que llegara un nuevo estilo a la hora de relacionarse entre sí. Pareciera que llegara il dolce stil novo preconizado por Dante en su Purgatorio (24-57), inaugurando literariamente el mito, femenino y renacentista, de la mujer, personificándolo en Beatriz. Tal vez, al fin, llegara una nueva manera, una nueva actitud, de presentarse ante algo tan antiguo como el mundo, el amor.

En definitiva, era una nueva manera de afrontar las relaciones de pareja, en un plano, sólo teórico, de igualdad, donde el hombre se dulcifica, alejándose de su papel de macho tradicional, y la mujer se equipara sentimental e intelectualmente al hombre. En cualquier caso, no fue fácil y, aún, sigue sin serlo pero, no cabe duda, algo muy remoto y arraigado se había roto. Nacían nuevos tiempos para el amor, para sus aledaños y, sobre todo, nacía una nueva era para la mujer. Fueron años en que ambos, tanto hombres como mujeres, enfrascados en la ingenuidad de la juventud, podían mirar el mundo sin resabios ni prejuicios, con la mirada limpia y descubridora de la infancia.

“Ver el mundo en un grano de arena,

y el Cielo en una flor silvestre,

tener el infinito en la palma de la mano

y la eternidad en una hora.”

                                          William Blake (Augurios de inocencia)

Esta aportación inesperada hará que la sociedad se enriquezca intelectualmente hasta límites insospechados. Nunca se podrá cuantificar el valor de aquella aportación. Nunca en la historia se había producido una catarsis de tal calibre. Esa nueva mujer hará que la sociedad evolucione en un sentido que jamás se había conocido. De hecho, en unos años se produjo un cambio social, en cuanto a la incorporación de la mujer, en cuanto a su puesta en valor intelectualmente, como no se había producido a lo largo de los siglos.  De alguna manera daba la espalda a aquella mujer recluida en el hogar y al servicio del hombre. Más de un siglo después de que Ibsen escribiera Casa de muñecas, se daba un portazo similar al que dio Nora en la obra, dejando atrás con él a aquella mujer resignada y anulada intelectualmente. Aquel portazo fue tan brutal que hizo, parafraseando a Manuel Altolaguirre, que del cielo se desclavaran las estrellas frágiles.

Aquella sociedad que comenzaba a balbucear a mediados de los setenta ya no es una sociedad unidireccional y dirigida, es una sociedad mucho más compleja, con todas sus contradicciones, con un gran afán de libertad y con un potencial humano inmenso que se refleja en las ganas de la gente por participar en todo, en cualquier cosa.

No todo fueron buenas noticias. Aquella España que nos legaron había estado sometida a un férreo aislamiento del exterior por obra y gracia de una especie de cordón sanitario, al estilo del cordón de los Pirineos que impuso Floridablanca, durante el comienzo del reinado de Carlos IV, para evitar que llegaran a España las ideas de la Revolución Francesa. Lo que consiguió aquel aislamiento de la España del tardofranquismo fue que no penetraran masivamente las nuevas ideas, las que surgen en París, en Berkeley, en torno a la nueva cultura del rock. Con ello también evitaron que penetraran las drogas, las drogas que acompañaron a lo que se dio en llamar contracultura.

 Con la cercanía de la transición, una vez derruido el cordón preventivo, junto a las nuevas ideas, herederas del mayo del 68, penetra de manera masiva todo el submundo que generan las drogas y en especial la heroína. Una sustancia que golpeó a toda una generación, descapitalizando a un sector básico de la sociedad, su juventud. Vimos con dolor como amigos, compañeros, familiares, chavales en muchos casos brillantes y prometedores cayeron bajo su influjo y quedaron atrapados sin remedio en esa maraña que les fue acercando a la muerte. A ese dolor sin fondo se sumó la multitud de dramas familiares que trajeron a su lado.

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3 respuestas a MEMORIAS DE JUVENTUD IV-Juan Francisco Quevedo

  1. Excellent. I could only read the translation. Even that is great

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