JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO-DEDOS DE LEÑADOR-Juan Francisco Quevedo

JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO

DEDOS DE LEÑADOR (EDITORIAL POLIBEA, 2021)

José Ángel Cilleruelo, escritor y crítico literario de larga y fecunda trayectoria nos ofrece sus Dedos de leñador (Días de 2019)-Editorial Polibea, 2021-, con los que cuenta mucho más allá de lo que se espera de un diarista y con los que tala un tiempo que nunca ha de regresar. Nació como se nacía antes, así que si no fue el último de Filipinas, sí perteneció a esa última generación de niños que nació en casa, tal y como lo relata en las páginas de este libro. Con la llegada de la democracia, se hizo un adolescente que ya fue capaz de escribir sus primeros versos, se vistió de poeta y ahí continúa porque desde entonces hasta hoy he escrito poemas regularmente.

El diario se inicia un día de año nuevo de 2019 con intención no de contar lo que pasa en los próximos cien días, y Algunos días más, sino con el propósito de utilizar la escritura como una mera excusa para desmenuzar ese período de tiempo y escrutar multitud de hechos y circunstancias con los que va componiendo e hilando su propio mundo. Así podemos ver cómo dentro de la creación literaria, de su concepción poética, reniega de esa poesía que tan solo dice lo que el poema está diciendo, y nada más. José Ángel Cilleruelo reivindica el poema que dialoga a través de los múltiples significados y caminos que pueda sugerir. Ahora bien, también son motivo del interés del autor esas pequeñas alegrías cotidianas que contribuyen calladamente a hacernos más felices, cosas aparentemente tan insignificantes como los paseos por la ciudad, sobremanera la víspera de Reyes, o la búsqueda de libros interesantes por el mercadillo de los Encantes de Barcelona; pasear por este museo de vidas se ha convertido para él en un hábito ineludible. Así mismo, pasan por las tripas de estos días de 2019 su actividad docente como profesor, nunca explicitada previamente, o su adscripción a un determinado equipo de fútbol, con el que confluye para dignificarse en la derrota.

Cualquier pretexto es utilizado por José Ángel Cilleruelo para desarrollar una idea, un pensamiento sugerente o una deriva discursiva sobre este tiempo presente, lo que, sin duda, es de lo más atractivo para el lector. Baste como ejemplo su precisa y acertada reflexión tras ver Roma, la excelente película de Cuarón, donde incide sobre la importancia que tiene en nuestras vidas lo rutinario y cotidiano, es decir justo aquello que suele obviar el cine y que en esta película queda muy bien reflejado, constituyendo una hermosa excepción.

La poesía subyace a lo largo del texto en numerosos pasajes, tal como aquel en el que evoca cómo tuvo lugar la concepción de un poema de Rafael Pérez Estrada tras un acontecimiento común o cuando se refiere a la figura del hijo, siempre presente en las páginas del libro, en una comida, en una lectura en la universidad o en una conversación con los amigos. No en vano afirma algo que cualquier padre suscribiría completamente, algo que quiero que sirva de colofón a una lectura plena de momentos brillantes.

Cuando llegan al mundo, los hijos nos brindan el argumento, cada vez más en exclusiva, de las emociones.

La misma que siento al cerrar estos Dedos de leñador.

Juan Francisco Quevedo

José Ángel Cilleruelo

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