MEMORIA DE UN TIEMPO XI-Juan Francisco Quevedo

XI

LA HERENCIA DE LOS SESENTA. EL GRAN ESPECTÁCULO DEL ROCK

A finales de los sesenta germinarán bandas de música que eclosionarán con potencia y unos decibelios bárbaros en los setenta. Irrumpirán en el panorama musical con una fuerza inusitada, con melodías brutales que girarán en torno a guitarras poderosas y con bajos y baterías potentes y avasalladoras. Ese tipo de música se conocerá y adquirirá el nombre de un personaje de una novela de Burroughs, heavy metal, y la liderarán grupos como Led Zeppelin, capaces de hacer, como casi todos los grupos de rock duro, las mejores baladas de la época –Stairway to heaven-, por obra y gracia de formar parte de sus bandas cantantes con voces privilegiadas, dotadas de unos agudos que serán otra de las características inherentes al heavy metal.

Estas formaciones alcanzarán su máximo esplendor en los primeros setenta y no sólo aportarán una música estrepitosa y poderosa sino que darán lugar a un aspecto y a una forma de vivir característica y peculiar, en la que las largas melenas y el cuero negro crearán una estética propia que los identificará como una de las tribus más llamativas asociadas al rock. Sólo unos años después el punk dará una vuelta impensable de tuerca a esta moda, introduciendo en ella pantalones perfectamente ajustados a sus cuerpos perforados y demacrados, así como cabellos peinados y teñidos de manera tremendamente excéntrica.

El heavy fue la evolución natural y la salida del rock psicodélico y sinfónico, tal y como le ocurrió al grupo Iron Butterfly, quizá los primeros americanos herederos del espíritu de San Francisco en pasarse al heavy metal. Pero serán los geniales Jimmy Page y Robert Plant, líderes de los Zeppelin, los verdaderos reyes de esta atronadora música. Contemporáneos a ellos, aparecerán grandes grupos, como los Deep Purple, verdaderos héroes del hard más arrollador –Women from Tokio– y del riff más famoso de la historia –Smoke on the water– o los Black Sabbath del excéntrico Ozzy Osbourne –Paranoid-.

Pero la música en aquella década ya era un gran negocio que dirigían las grandes multinacionales del sector, abandonando definitivamente el halo romántico que la había acompañado durante los sesenta. Y con ella y con ese primer espíritu que tuvo el rock, también quedó atrás en el desgastado azogue del espejo todo lo que había surgido a su alrededor, como aquellas comunas autosuficientes, donde reinaba un colectivismo preciso, donde sólo se producía lo estrictamente necesario para subsistir. Comunidades que sólo salían adelante por un feliz, desinhibido y despreocupado dejarse ir –laissez faire-. De igual manera, atrás quedaron, junto a la sacerdotisa María Sabina, los hongos alucinógenos, inyectadores de longevidad, a ritmo de Monterey, la hierba mejicana, el ácido y los cadáveres de algunos ídolos, velados en el neoyorkino Chelsea Hotel.

Tras los primeros tiempos, tras el estallido hippie, tras el flower power, el mundo del rock se transformó en una gran industria, en un gran negocio capaz de mover grandes masas de personas y de dinero. Siguieron apareciendo buenos grupos, se siguió haciendo buena música pero, salvo la frescura suicida del movimiento punk -Patti Smith, Ramones, Pistols, Clash…-, que quiso poner en cuestión toda la sofisticación que había invadido el sistema, combatiéndolo bajo el lema hazlo tu mismo, no hubo ninguna inquietud seria que arrastrase de nuevo a la gente como en los sesenta.

Patti Smith, sin duda la reina de ese movimiento trasgresor, intentó mantener un mensaje lírico a través de las cuerdas duras de una guitarra. Con un sonido sucio y primitivo, que pretendía llevar el rock a sus raíces, Patti devolvió a la música la pasión y el desenfreno de un Rimbaud moderno, recién inmerso en el infierno, en su infierno personal. Con esas premisas y con su Her heroes got wings inaugura toda la escenografía que desembocó en el punk.

Yo era un poco fantasiosa. Cuando era una cría me ataba trapos a la cabeza. Temía que por la noche se me escapase volando el alma. Que mi aliento vital se parase. Así que dejé las drogas y me lancé a una danza frenética total.

                                                                                              P.Smith                                                                                                         

Patti Smith

Luego vendrían un par de discos y su Because the night, escrito a medias, a través del teléfono, con un Bruce Springsteen que aún no era lo que llegó a ser.

Salvo estos destellos de independencia brutal, en los setenta un aire distinto inundó el ambiente del rock; todo cambió para ser un enorme y gran negocio que hacía creer y pensar a sus consumidores que aquello por lo que vivían y a lo que se entregaban en cuerpo y alma era un fenómeno marginal, cuando la realidad era que estaban manipulados y absorbidos absolutamente por el sistema que creían combatir. El sistema los asimilaba de una manera tan sutil que ni tan siquiera reparaban en ello.

En ese mundo de asimilación, por parte del establishment, en que se habían convertido el universo del rock, todo lo que hasta entonces había sido marginal y pobre comercio se convirtió en mercadería poderosa. Más allá de los millones generados por las drogas, florecieron al olor del negocio que generaban estas tendencias todo tipo de señuelos que se podían adquirir previo pago. Podían verse cientos de imágenes y anagramas progres asociados al rock, estampados en cualquier parte y en consecuencia podía verse desde una hoja de marihuana dibujada en una camiseta hasta las más variadas enseñas rockeras pintadas en todo tipo de trapos, cueros, anillos y cualquier objeto imaginable. Y de esta agresiva manera la industria, apoyándose en un marketing salvaje y descarado, inundó el mercado con la imagen del Che, con la de Mao, con la de Mick Jagger y con cualquier símbolo -desde el anarquista hasta el de la paz- capaz de traducirse en dinero. Todo por la causa que imponía el mercado.

El negocio de la progresía y sus aledaños convirtieron a estos líderes y a estos símbolos anticapitalistas en los mejores recaudadores de toda la historia moderna. Bien es verdad que todas estas paradojas ya no extrañan a casi nadie.

En la construcción de la vida, lo que interesa no es el logro material de lo que se persigue, sino el actuar como se debe.

                                              Lucio Anneo Séneca (Cartas a Lucilio, LXXXV)

Los chavales que se identificaban desde su ingenuidad con estas tendencias, se convertían con toda su buena voluntad en abanderados de las causas que les imponían. Y así hasta hoy en día, en que los jóvenes son, de hecho, el sector social más estudiado y al que va destinado la mayor parte de los mensajes de la industria propagandística por parte de los mejores publicistas del mercado; en este caso, de un mercado, tan solo aparentemente, marginal, capaz de mover cifras escalofriantes.

No hay mejor bandera que la que arde.

 Juan Francisco Quevedo (Iconoclastia radical, inspirada por Jean Genet)

Logos del rock

En ese universo de mánagers, publicistas, esteticistas, estilistas, técnicos en imagen, etc, en que se vio envuelto el mundo del rock y del pop pareciera que sólo John Lennon tuviera la suficiente independencia como para pasarse una semana en la cama, a favor de la paz, sin que nada de esto le preocupase lo más mínimo.

Todos hablan de

mochilas, greñas, rollos, locos,

harapos y marcas.

De esto y aquello,

modas, modas y más modas.

Todos hablamos

de darle una oportunidad a la paz.

                             John Lennon (Dále una oportunidad a la paz)    

A pesar de todos los pesares, en los setenta surgirán grandes cantantes y grandes grupos -Queen, Dire Straits, Bruce Springsteen…- pero ya nada volverá a ser como en aquella década en que se sintió que el mundo se podía cambiar simplemente con buena voluntad, mucho amor y toda la paz interior que fluía a través de las mentes de aquella generación perdida, aunque no olvidada. Los movimientos espontáneos que utilizando la música como estandarte arrastraron a la juventud del planeta han desaparecido, o están a punto de hacerlo y, con ellos, no sólo desaparecieron Hendrix, Morrison, Brian Jones, Keith Moon, Joplin, Syd Barrett y tantos otros sin nombre a quienes mató, o anuló -casi es peor-, la dura experiencia de vivir desenfrenadamente, sino que se llevaron por delante la emoción y el sentir de toda una generación de idealistas rebeldes sentimentales que, por un momento, creyeron en la utopía de un mundo mejor así como en una armonía vital que les condujese directamente a la felicidad.

Todo mi ser se encuentra en una armonía perfecta…

Espero todo el futuro.    

                                                                                   Schiller

Sex-Pistols

En torno a este mundo de la música, y más concretamente del rock, surgirá una nueva estética, zarrapastrosa y desaliñada, muy alejada de la estética estudiada y de marca, también desaliñada, aunque no zarrapastrosa, de hoy en día. Era una anti moda liberadora y llena de autenticidad, sin anagramas en la solapa, que daba la espalda a todo lo que olía a nuevo y recién empaquetado. Sólo se buscaba una comodidad que, en sus formas y colores, fuera capaz de conjuntarse con la luz virginal de la primavera. Flores, amor y una paz ruidosa acompañaban incluso aquella manera de ir y vestir por el mundo. La sociedad consumista los miraba con recelo, mientras los acechaba y estudiaba como futuras víctimas.

Sabíamos como cambiar el mundo, pero quienes lo controlan también lo sabían; asimilaron lo menos peligroso para su cultura consumista y reprimieron lo más liberador de la nuestra… Se apropiaron de las celebraciones de masas que habíamos creado, las pervirtieron, las deshumanizaron…         

                                                                                           John Sinclair

Pronto la sociedad opulenta del consumismo más desenfrenado asimiló todo aquel desfase, incongruente y libre, y lo convirtió, cómo no, en un gran mercado alternativo y millonario, en el que juegan con la ingenuidad y el altruismo filantrópico de unos jóvenes que se adhieren a la causa del consumo, a través de un engaño sigiloso pero implacable, mientras les hacen creer que van en su contra. Luego, más tarde, vendría el descaro, con una avalancha comercial inusitada, una publicidad desenfrenada y un mercado despiadado imponiendo sus reglas logotipadas, su ropa deportiva y sus anagramas, donde conviven, en una igualdad aparentemente desigual, el signo de la paz con un lagarto imposible sin el menor de los sonrojos. Parece que todo está bien, parece que todo vale, incluso moral y éticamente. Pero este desaguisado al que hemos llegado, en el que todo y todos parecen iguales a todo y a todos, vino bastante después. Sólo es una falacia, una pura apariencia, la fachada que pervive única y exclusivamente en el escaparate de la vida, en el escaparate de una falsa sociedad que aparenta que no existen grandes diferencias sociales, en la que hacen creer a los más desfavorecidos que se pueden igualar, a través de la uniformidad, con aquellos que no necesitan nada. Pero lo verdaderamente cierto es que no vale lo mismo el aparentemente mismo pantalón, comprado en un popular centro comercial que en una prestigiosa tienda de firma. Al final, el pez grande sigue comiéndose al chico, tal y como lo viera el gran Alejandro en su imaginado viaje al fondo del mar, donde confirma lo que ya el viejo Pericles predicara en la vieja Atenas.

… notó como los grandes comían los menores,

los chicos a los grandes tenían por señores;

los fuertes maltrataban a todos los menores.

                                                        Libro de Alexandre

Queen en el Hotel Sheraton de Buenos Aires en 1981

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5 respuestas a MEMORIA DE UN TIEMPO XI-Juan Francisco Quevedo

  1. almerighi dijo:

    Beatles, Sex Pistols, Led Zeppelin, quanto li ho amati!

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  2. wp4oka dijo:

    Saludos, excelente ensayo de elogio a esa memoria del tiempo. Todos(as), henos disfrutado o seguimos disfrutando, lo que fue al principio, pero todo debe evolucionar. Eso paso al Rock y al Heavy Metal. La mercadotecnia, revoluciono todo; al convertilo en moda y como dijo:” se fueron asimilando”. En otras palabras, le sacaron ventajas económicas, lo cual su significado va a cambiar para ser de masas de consumo. Los propósitos iniciales, siempre empiezan así, pero todo se vuelve negocio y su sentido, se pierde en las masas.

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  3. wp4oka dijo:

    Reblogueó esto en wp4oka's Blogy comentado:
    Soy fan del Heavy Metal!!!

    Le gusta a 1 persona

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