JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN (SIN PROPÓSITO DE ENMIENDA)-Juan Francisco Quevedo

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN

SIN PROPÓSITO DE ENMIENDA (EDITORIAL RENACIMIENTO, 2021)

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN

SIN PROPÓSITO DE ENMIENDA (EDITORIAL RENACIMIENTO, 2021)

Sin propósito de enmienda es el título del nuevo diario con el que nos obsequia José Luis García Martín y que abarca el período que va desde agosto de 2019 hasta junio de 2020. Es el propio Azorín el que nos descubre de dónde procede el título del libro de este volumen que tan bien le va no ya al libro sino al propio autor y que se corrobora en la última de las tres citas elegidas, aquella de Gil-Albert donde dice Solo soy un español que razona, esto es, alguien incómodo para cualquier bando.

Sin duda, un retrato preciso de un hombre que bien pudiera definirse como una persona inteligente que, cuando se aburre, no se conforma con las pequeñas cosas que solemos hacer el resto de los mortales, sino que es fácil imaginárselo rebuscando en un libro o saliendo al encuentro de alguno de sus amigos para poder discutir con ellos. En cualquier caso, por mucho que se esfuerce en querer parecerse a todo el mundo, no es probable que lo consiga.

Con la agudeza y el ingenio a los que nos tiene acostumbrados, José Luis García Martín va desmenuzando el tiempo que nos ha tocado vivir, creando un friso fidedigno de la época, incidiendo en sus opiniones sobre temas de lo más diversos, aunque manteniéndose fiel a aquellos que siempre le motivan, como la política, la literatura, los viajes, el cine o los recuerdos con viejos y nuevos amigos.  En ninguno de estos temas ahorra nombres, ni adjetivos definitorios, retratos, al fin, de una época vivida que queda reflejada con la precisión de un cirujano del lenguaje, donde siempre el humor y la ironía rezuman por cada línea.

José Luis García Martín hace literatura de lo cotidiano desde un escenario que le reconforta, la rutina diaria, aquella que le ofrece la disciplina necesaria para afrontar sus proyectos, tanto de vida como literarios. Desmenuza la gran historia a través de su propia intrahistoria personal, aquella desde la que muchas veces se compone la verdadera historia. El autor lanza contra el papel, contra sus lectores más eminentes, sentencias que no pocas veces son reflejo de la independencia que ejerce sin miedo, sin reparar en reputados nombres que se sustentan por sí solos en el panorama literario, se lo merezcan o no.

Pocas veces vuelve la mirada hacia sí mismo, hacia su verdadero yo, al más íntimo, al que se esconde con celo en su interior pero cuando lo hace suele aflorar el poeta, suelen aflorar unos sentimientos verdaderos que apenas se expone a esbozar, como cuando recuerda la llegada de su familia a la ciudad asturiana desde Extremadura o cuando, con melancolía nos habla de ese último curso en el que habrá de permanecer en la universidad antes de jubilarse.

Pese a una afirmación de lo más taxativa: De lo que más me importa, no hablo nunca, siempre aflora entre líneas el hombre sensible y sentimental que lo habita, por mucho que lo recubra de escarcha.

José Luis García Martín parece un hombre feliz con su vida: En lo personal, me siento a gusto con mi vida… Lo importante no es cómo te vean los demás, sino cómo te veas a ti mismo. Me recuerda el sabio verso de una sátira de Horacio, el poeta latino que nos hizo amar la poesía: ¿Qué te importa que todo el mundo te silbe si tú mismo te aplaudes?

En estos años José Luis García Martín ha visto con todo merecimiento cumplido uno de sus deseos, expresado en las primeras páginas del libro, donde afirma preferir antes que cualquier homenaje, por su jubilación académica, que varios autores se ocupen de varios de los aspectos de su trabajo. Y así ha sido por obra y gracia de Hilario Barrero, en lo que se refiere a sus diarios y a su poesía. Por lo demás, un reconocimiento mínimo para los muchos méritos conseguidos a lo largo de su fecunda trayectoria.

En cualquier caso, un pensador con el bagaje intelectual y la rapidez mental de José Luis García Martín jamás se jubila. Siempre es un placer aprender de y a su lado. En cualquier hora, desde cualquier formato, a pie de tertulia o debatiendo desde una pantalla de ordenador partida por la gracia de Zoom.

Por mucho que persista en cultivar ese halo de hombre solitario, por mucho que afirme eso de sospecho que no he sabido hacerme querer, siempre seremos muchos los que le contradigamos. Por más que lo cuestione y lo confronte. Tal vez esa percepción errónea se base en otra de sus intencionadas, eso creo, falacias: Yo no sé si soy inteligente o solo me lo creo, pero de lo que no tengo duda es de que no soy listo. En cualquier caso, quizás se busque enemigos, íntimos o no, pues sabido es que se moriría de aburrimiento sin detractores.

Por mucho que crea y diga que parezca que habla sentando cátedra y que cuando cree estar seguro de una cosa, comienza a dudar de ella, no siempre es así. No, al menos en su visión de este tiempo de pandemia, en su análisis crítico en cuanto a las actuaciones tomadas y a casi todo, sobremanera a ese encierro asfixiante al que someten a los niños, aunque no a él ya que esta reclusión en casa, en una casa llena de libros, es para mí poca cosa. En eso, no ha dudado. Al menos hasta el día de hoy.

Nada elude y nada le es ajeno a José Luis García Martín, nada se escapa a su juicio sagaz, nada, por muy controvertido que sea. Hacer literatura desde la honestidad y desde la ejemplaridad que confiere la independencia, es una premisa esencial que siempre le acompaña, algo que los lectores, en estos tiempos de corrección extrema, agradecemos sin remilgos. Esperemos que siga, sin propósito de enmienda, cultivando esa impertinencia sutil, fina y mordaz, desde la destreza y minuciosidad de una prosa fluida que se convierte en un deleite para el lector. Desde luego, podemos afirmar que José Luis García Martín nos ofrece un lenguaje rico, sugerente, e irónico en unas páginas que constituyen en sí mismas todo un género literario.

Juan Francisco Quevedo

Librería Dlibros (Torrelavega)

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