“El miedo”-María Bujalance

Hoy traigo al blog una poesía, “El miedo”, que me ha sorprendido mucho. Es de una poeta de Santa Cruz de Tenerife que tiene quince años y que se llama María Bujalance.  Cuando la leí, ya me gustó, tanto por su composición y estructura, como por su contenido-original e imaginativo-, pero cuando vi que el poema lo había hecho una persona tan joven me impresionó.

Gracias María por permitirme ponerlo en https://poesiaparavivir.wordpress.com/

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Ha muerto Chuck Berry-Juan Francisco Quevedo

HA MUERTO CHUCK BERRY

Ha muerto Chuck Berry. Y ha tenido la insolencia de sobrevivir durante cuarenta años a Elvis. Aunque el título de rey del rock se lo llevara Elvis, yo creo que sería de justicia que, cuando menos, lo compartiera con Berry.

Si Plutarco fuese un hombre de nuestra época, sin duda hubiera dedicado un capítulo a estos dos músicos, como ya hiciera con las vidas de Julio César y el gran Alejandro. Sus carreras fueron casi paralelas y aunque Elvis siempre salió ganando en la batalla por la supremacía del rock and roll, Berry, con su mítica forma de tocar la guitarra en cuclillas y de lado, mientras daba saltos laterales-su famoso “duck walk”-, es el músico de rock and roll que más ha influido en la música posterior. Baste recordar las estupendas interpretaciones que han hecho de sus canciones bandas de la categoría de The Beatles o los Stones. Temas como “Rock´n roll music” o “Johnny B. Goode” están en la historia de la música.

A pesar de ello, Berry nunca pudo sacudirse este resquemor de sentirse ultrajado en su paternidad rockera por el guapo de voz más profundamente negra –compartida quizás con la de Eric Burdon- que haya habido jamás, el enorme Elvis Presley. Un rey del rock que, sin embargo y paradójicamente, pasará al Olimpo melómano, además y  fundamentalmente, por sus baladas.

Millones de jóvenes muchachas –las primeras teenagers histéricas de la historia- suspiraban, y aullaban por él en todo el mundo, pero Elvis tan sólo tenía ojos para una adolescente, aún con los restos de la niñez en su rostro, de nombre Priscilla. Con ella, y con la aquiescencia de una falsa y severa sociedad americana, acabaría casándose. Cerraron puritanamente los ojos, como buenos hijos de los ocupantes del Mayflower, y consintieron un estupro de baja intensidad a este lindo e inmaculado blanco, reconvertido en Alemania, a través del ejército americano, en chico bueno. Por las mismas razones-de nuevo las vidas paralelas-, tal vez algo más perversas, incluso pudiera ser que hasta más violentas, un negrazo como Chuck Berry  habría de probar la dureza de las cárceles gringas.

 

“Cabizbajos y vacilantes en torno al patio

desfilábamos en el cortejo de los locos.

No nos importaba: sabíamos que éramos

la brigada del mismísimo diablo,

y cráneos rapados y pies de plomo

componían una alegre mascarada.”

                              Oscar Wilde (La balada de la cárcel de Reading).

 

A Berry siempre le quedará, cuando menos, la elegancia de los grandes bailarines de claqué de Harlem. El espigado y renegado rockero de Missouri bien hubiera podido haber sido, por planta, un bailarín del Cotton Club, aquel local del neoyorquino barrio de Harlem en el que el gran director Francis Ford Coppola se inspiró para su película “The Cotton Club”. Cuando la vi, empecé a pensar en Richard Gere como actor, incluso como actor aceptable, pero enseguida volví a la realidad y le deseé fervientemente que continuara con su vocación frustrada como bailarín. Aunque nunca llegara a tener la figura estilizada del gran Berry.

Hoy, en su muerte, tal vez baile sobre su propia tumba, mientras afina una Gibson.

Juan Francisco Quevedo

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ODA AL REY DE OROS-Juan Francisco Quevedo

    ODA AL REY DE OROS

 

Desnudad los cuerpos ingrávidos,

hacedlos rotar como peonzas

rendidas a un destino eterno:

Girad, girad, girad mortales

alrededor de la batuta

que orquesta y dirige el devenir

tedioso e impasible del mundo.

——————————————————-

El rey de reyes siempre gobierna todos los feudos de la tierra. Incluso las repúblicas más antimonárquicas.

                                                                                                               Fotografía: Marcelino Quevedo

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PEDRO SOBRADO-Juan Francisco Quevedo

NUEVA EXPOSICIÓN DE PEDRO SOBRADO

BLANCO Y NEGRO

Os invito a que leáis el artículo que escribí en el diario Alerta sobre la nueva exposición que presenta Pedro Sobrado en Torrelavega.

NUEVA EXPOSICIÓN DE PEDRO SOBRADO

ESPACIO GARCILASO – TORRELAVEGA

BLANCO Y NEGRO

Lejana en el tiempo va quedando la primera exposición que este artista realizara con apenas veintitrés años en la Galería Sur de Santander, en 1959. Tras una intensa peripecia vital que le llevó a París nada más comenzar los años sesenta, regresó a España en 1976 después de haber vivido en primera persona el mayo francés y haberse empapado con las corrientes artísticas más relevantes de la época. Ha expuesto en multitud de lugares, entre los que podemos citar Valencia, Madrid, Chicago o París. Es acreedor en Francia de numerosas distinciones, entre otras la medalla de Arts, Sciences, Lettres.

Ahora, el artista torrelaveguense, nacido en 1936, y tras un centenar de exposiciones a sus espaldas, regresa a su ciudad natal con una magnífica y expresiva muestra titulada Blanco y negro, acercándose desde estos dos pigmentos primitivos a la figuración sobria, armónica y ligera en el trazo que caracteriza su obra.

Pedro Sobrado realiza una inmersión activa en el devenir cotidiano de la sociedad actual, escrutando con su mirada benévola y sabia el período que nos toca vivir. Este pintor urbano y de lo urbano plasma en sus lienzos figuras y espacios plenos de un romanticismo relajante que transportan al espectador a esos lienzos repletos de color-aunque parezca contradictorio- de los paisajes menos urbanos y más marinos de Edward Hopper.

Cuando el jueves pasado me acerqué a su estudio, me encontré con el artista y con su obra. Con el artista amable y encantador y con una obra que no necesita definición. Cuando uno ve un cuadro del pintor, sabe que está ante un Sobrado. Sin ningún género de dudas.

Pedro Sobrado no sólo ha creado un estilo sino que ha llegado a darle su propio nombre. Y lo ha hecho tras haber pasado por diferentes etapas creativas, que van desde el expresionismo a la abstracción. Con el bagaje y las influencias de todos sus gustos, de todas sus experiencias pictóricas, ha conseguido definir un estilo propio y absolutamente personal y lo ha hecho a través de la depuración de la línea y de la supresión de lo superfluo, incluido el rostro de sus modelos. Si fuera poesía lo que ejecuta, podríamos decir que a sus poemas -a sus cuadros- no les falta ni les sobra una palabra-un trazo-.

En esta nueva exposición nos encontraremos con imágenes actuales, sacadas del día a día de cualquier ciudad. Con un trazo firme, sencillo y elegante, al que se llega con el talento del genio creativo, Pedro Sobrado logra transmitir al visitante vitalidad y alegría por la vida.  Su obra nos llena de felicidad. Transmite esa pasión por el trabajo que realiza y lo hace trasladando su personalidad al lienzo.

Detrás de la aparente sencillez del trazo, de la composición de los planos, donde encuentra esa perspectiva tan personal, está la mano firme y la inspiración de un artista extraordinario, de un pintor consagrado que nos mira desde sus lienzos con la benevolencia de los sabios.

Mientras me alejo del estudio, sus creaciones sobrevienen a esa memoria espacial que todos poseemos y que, en este caso, está dispuesta a no dejar que caigan en el olvido, como sucede con tantas obras condenadas a no ser recordadas. No es el caso; las pinturas de Pedro Sobrado dejan un sello imborrable.

Juan Francisco Quevedo

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Fotos y frases 3 y 4-Juan Francisco Quevedo

Nos pasamos los días esquivándolo pero, tarde o temprano, el carrusel de la vida siempre acaba atropellándote.

                                                                                                                  Fotografía: Marcelino Quevedo

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El ángel de Llimona se erige como sereno guardián de las sombras góticas que se esconden bajo sus alas modernistas.

Tal vez Keats tuviera la lucidez de los clásicos  al afirmar que no existe más razón que la de la belleza. Eso es todo lo que hay de certidumbre y todo lo que debiéramos saber.

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Julio González Alonso-Juan Francisco Quevedo

JULIO GONZÁLEZ ALONSO (2016). LUCERNARIOS

MADRID: EDICIONES VITRUVIO

LEER A UN POETA

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JULIO GONZÁLEZ ALONSO (2016). LUCERNARIOS

MADRID: EDICIONES VITRUVIO

LEER A UN POETA

Descubrí al poeta Julio González Alonso a través de su blog de poesía Lucernarios, que así mismo da título a este feliz libro de poesía que nos presenta Ediciones Vitruvio. De su biografía poco sé, más allá de lo contado por Pepa Agüera Sánchez en el magnífico prólogo que abre la obra y que utilizaré como referencia para bosquejarlo. Lo que sí sé es de su amabilidad en las contadas ocasiones que he tenido el gusto de tratarlo por medio de los mensajes y comentarios en nuestros respectivos blogs poéticos.

Diré que su infancia, la de un niño nacido en León en 1950, transcurrió en un pueblo minero de la montaña leonesa. Estudió Magisterio en León, siendo la enseñanza la profesión a la que ha dedicado toda su vida activa. Tras su paso por Barcelona, concluirá sus estudios de Psicología en San Sebastián, para acabar residiendo en Bilbao, donde continúa a día de hoy.

Es Julio, por su trayectoria vital, un autor de esos que llevan a sus espaldas un bagaje artístico y literario muy importante lo que, inevitablemente, se ve reflejado en su poesía. Sería prolijo detallar su participación en grupos de teatro, su colaboración en revistas literarias y demás actividades por lo que me remito al prólogo del libro.

Desde el primer momento en que leí sus poemas quedé fascinado por sus metáforas, por su dominio del verso y, lo que es más importante, por saber enlazar todo ello, desde su visión poética, con la tradición. En unos tiempos en los que si bien la rima no es necesaria, poetas como Julio nos demuestran que sigue estando presente y que sigue siendo muy válida. Desde luego, la rima y la métrica manía en la dosis y proporción adecuadas tienen un encanto especial. Y Julio acierta plenamente a la hora de administrarlas. Y hasta el oído más penoso se lo agradece vivamente.

Además de ante un espléndido poeta, nos encontramos ante un gran cervantino, ante un estudioso y divulgador de la obra de Cervantes, en especial del Quijote. Su página, Ínsula CerBantaria, me ha servido de guía extraordinaria para profundizar y disfrutar en la lectura de la obra del genio manchego. Sale a relucir, lo que es muy de agradecer, el carácter didáctico de Julio.

Pero vayamos al libro que acaba de publicar, vayamos a Lucernarios.

En la primera parte del libro, Más cerca de lo humano, el autor ve la vida con cierto escepticismo y contempla el paso del tiempo con la sabiduría y serenidad que le dan los años. Indaga en el dolor creativo de la palabra desde esa quietud inherente a la experiencia de la vida.

 

…Cada palabra descerraja un tiro de realidad,

pero es demasiado insoportable para acogerla en el corazón;

así que nos guardamos de sus aristas con pesimismo

y pesadillas. Nada hay muy seguro en el silencio,

pero la palabra apunta a la certeza de la pena…

 

En el poema Sólo queda mirar la voz poética se lamenta de esa huída del tiempo y de alguna manera busca refugio, desde la resignación, en lo cotidiano, en lo más querido y cercano de su propia vida.

 

…sólo queda mirar

hasta cegarse los ojos,

volver la vista-si puedes todavía- a la vida; sonreír

a tus hijos

todavía inocentes de estos crímenes,

contemplar el cielo que nos cubre a todos por igual. Es lo último

que puedo decir…

 

Hay lugar en el libro para el endecasílabo en su máxima expresión poética, en el soneto. Como muestra del talento y la maestría de Julio, baste el segundo cuarteto de De la Condición Humana.

 

…Te sabes antes que nacido muerto,

ser antes que memoria, sólo olvido;

efímera la vida y lo querido

por la mano del tiempo ya cubierto…

 

Consciente el poeta del final inevitable, en Las horas de enero reflexiona sobre la muerte.

 

…Ya rasga el aire el persistente tictac

del tiempo. Ya los cuentos

aletean por mis ojos Ya las sombras

Ya la noche Ya las horas

 

Ya el silencio.

 

En la segunda parte del libro, Confusiones, el poeta penetra en las horas de su oficio, en el quehacer poético, en el poder creativo del lenguaje. Así se refleja en Grito de la necesidad, donde los encabalgamientos visten el verso.

 

Poesía es voz del sentimiento, grito

de la necesidad. Lo sé. Por eso

los paisajes

se pintan de lavandas, jaras

y bosquecillos de encinas; los ocasos

arremeten contra el sol vencido de horizontes,…

 

El autor da a las palabras el valor apasionado de quien vive por ellas, del poeta.

 

No vivimos

en las cosas; habitamos

las palabras

que vuelan en el alma y luego

son luz

y aliento

y nombre y realidad

del mundo…

 

La tercera parte del libro, En horas de amor y desamor, se define en su propio título. En Carta devuelta, retornamos al soneto espléndido, que se resbala dulce y líricamente por nuestro interior, por ese arte de saber colocar los acentos en el sitio preciso.

 

Después de aquel final sin despedida,

sin lágrimas ni adiós ni un sólo beso,

creí que los finales eran eso,

sólo el azar de una ocasión perdida…

 

Julio se adentra en el octosílabo en En nombre del amor vengo.

 

…Si abrazado a los sentidos

por ti muero y por ti vivo

mis sueños tiene rendidos

de ti el amor que recibo…

 

Julio  González Alonso en la cuarta parte del libro, La luz de las ciudades, nos acompaña en los recuerdos de sus viajes y nos muestra esos paisajes urbanos y humanos que le han inspirado. Veamos de su mano París.

 

…No puedo escribir París; sólo razón, filosofía, barricada

de jóvenes airados, años repitiéndose a sí mismos

e interminable abrazo, futuro, espejo

en el que encontrarnos siempre

con el alma desnuda. Si no puedo escribir París

escribo el mundo.

 

De Madrid, el homenaje final a la ciudad que acoge a Cervantes.

 

…Sonó la hora

en torrente poético y don Quijote

vino, después de muerto, a sentar plaza.

 

Los designios es el título elegido para finalizar el libro. Nos mezclaremos en sus páginas con las deidades clásicas, con sus héroes, en los que nos veremos reflejados, pues al fin sus sueños y sus miserias son las mismas desde que el mundo es mundo. En Los dioses el poeta nos muestra esa unión con lo humano, ese deseo por hallar la felicidad, truncada una y otra vez por la muerte.

 

…Sólo es que los dioses no podemos

renunciar a lo que somos ni al destino

inmortal, ni a ser eternos

y en cada hombre ser crucificados.

 

En el sugerente poema Corre, caballo de lascivia, nos invita el poeta a disfrutar de la vida antes de que el tiempo nos la trunque.

 

…Antes

de que el tiempo

se haga pausa

en el pulso de tus sueños, surco en la geografía de tu cuerpo,

distancia

en lo profundo de la mirada de tus ojos,

muerte. Antes de que la felicidad quede a tus espaldas

 

Cuando he cerrado el libro tras haberlo degustado durante largos días, y antes de ponerme ante el teclado, sólo me ha venido una palabra a la mente: Poesía. Estamos ante un poeta que hace poesía verdadera, ante un poeta que domina el género, los metros clásicos, los acentos y que se desenvuelve con maestría, sin renunciar a dotarlos de cierta estructura, en el verso libre. Pero, por encima de todo estamos ante una poesía que nos llega, que estimula las fibras necesarias que desembocan en la emoción. Y lo hace sin trampas, sin concesiones a la sensiblería, ni a la cursilería. Estamos ante un poeta, Julio González Alonso, y ante un arrebatador libro  de poesía, Lucernarios. Bienvenido y bienhallado sea.

Un fuerte abrazo, Julio.

Juan Francisco Quevedo

 

 

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Fotos y frases 1 y 2- Juan Francisco Quevedo

Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi sombra.

No se me ocurre mejor compañía para la vida. Aunque discutamos a menudo.

                                                                                                                             Fotografía de Javier Maza Uslé

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Siempre me hago la misma pregunta al descubrir las marcas del tiempo en las moles pétreas que desafían los siglos:

¿Qué misterios ocultan las piedras labradas de los arcos centenarios?

Acaso la memoria de los hombres que las contemplaron con admiración, acaso la memoria de los que transitaron a su sombra.

Como los buenos libros de poesía, nunca nos revelarán del todo los secretos que esconden. Se erigen como celosos guardianes del “presente continuo” de un pueblo.

                                                                                                                                   Fotografía: Marcelino Quevedo

 

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NOCTURNO-Juan Francisco Quevedo

Unos versos he de hacer con buen semblante; con clásico criterio y sin aprieto, espero poder armar un soneto… con el viento rampante por delante.

nocturno

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UN CUENTO DE REYES-EL BELÉN-Juan Francisco Quevedo

UN CUENTO DE REYES-EL BELÉN-

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“Esta es la curiosa historia de cómo se popularizó el Belén en este país…”

UN CUENTO DE REYES-EL BELÉN-

Mª Amalia de Sajonia, la que fuera mujer de Carlos III nunca gozó de muy buen carácter para disgusto, sobre todo, de las damas de honor que se movían a su alrededor, a las que llegó a maltratar físicamente, dándoles algún que otro cachete si cuadraba. Llegó a España desde Nápoles, dispuesta a reinar con muy pocas ganas, con varias cajas de cigarros habanos–le calmaban los nervios- y con la decisión firme de montar un Belén en Palacio, tal y como era habitual en Nápoles. No sabía que lo que se conocería como el “Belén del príncipe”-en honor del futuro Carlos IV- sería el germen para que la tradición del Nacimiento se extendiese, primero entre los nobles y casi inmediatamente entre el pueblo.

Se puede decir, por tanto, que los nuevos monarcas fueron los artífices de la popularización del Belén en España. Además, contribuyeron a extender otro vicio nacional: ambos mostraban una gran adicción al tabaco, especialmente la reina, y hacían que desde América les remitiesen grandes partidas de estas hebras que componían los habanos. Consta-sirva como anécdota costumbrista- que la reina, al trasladarse a España para ceñirse la corona, además de gran cantidad de tabaco y el Belén, trajo consigo un cantidad ínfima de ropa interior, sin duda por la usanza existente entre la clase alta de cambiarse solamente una vez al mes. Toda la peste maloliente se solucionaba con afeites, perfumes y material de arrebolamiento. ¡Qué sería del populacho!

Mª Amalia de Sajonia era una mujer quejosa y protestona, difícil de sobrellevar. Ya se había mostrado así en Nápoles pero, en Madrid, ciudad que detestaba, se exacerbó su caprichoso y mal carácter, menos mal que, de cuando en cuando, con un buen puro habano lo sobrellevaba. Y si no, la caza era otro de sus tónicos.

Pero volvamos a lo nuestro, María Amalia de Sajonia, nada más llegar de Nápoles, colocó su Nacimiento en el palacio del Buen Retiro, donde se alojaba la familia real, introduciendo e inaugurando lo que, sin tardar, habría de ser un clásico durante las fiestas navideñas. Tal fue la repercusión y la acogida de este primer Belén que enseguida fue imitado por la nobleza y el pueblo, penetrando en la sociedad española esta costumbre sin hacer distinción entre las clases sociales. Todas gustaban de esta nueva moda que, con el tiempo, acabó siendo una de las tradiciones más arraigadas en las fiestas navideñas de cualquier familia española.

De Madrid no le gustó ni la ciudad, ni sus gentes, ni el tiempo de la capital, ni el palacio del Buen Retiro, incómodo y con las instalaciones anticuadas y deterioradas, donde se albergaba, pues aún no habían finalizado las obras del palacio Real; nada era de su gusto, salvo el impresionante edificio herreriano, mandado construir por Felipe II en El Escorial.

María Amalia de Sajonia no tuvo mucho tiempo para renegar, ya que falleció el 27 de septiembre de 1760, poco después de su llegada. Ni tan siquiera la presencia del cuerpo de San Isidro en sus habitaciones, hasta donde se hizo llegar para que obrara el milagro, pudo salvarla.

Al morir, a la edad de treinta y cinco años, no se había molestado aún en intentar aprender la lengua del país en el que reinaba, ni había hecho ningún esfuerzo por integrarse.

“Para acostumbrarme a este país creo que no bastaría toda mi vida.”

Su mayor legado fue habernos dejado la tradición navideña del Nacimiento.

 

Espero que los Reyes Magos os traigan, cuando menos, un libro. No olvidéis pedirlo.

Juan Francisco Quevedo

 

 

 

 

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Un cuento de Navidad-Juan Francisco Quevedo

UN CUENTO DE NAVIDAD

UN CUENTO DE NAVIDAD

Más allá de de cualquier consideración de esas de “odio la navidad” o “me gusta la navidad”, está la tradición de estas fiestas. Y la llegada de primer árbol de navidad-una de sus representaciones más extendidas- a Madrid tiene una historia muy curiosa.

En aquella Francia del Imperio, pendoneaba la figura del duque de Morny, hermano ilegítimo de Napoleón III. Entre correría y pillería conoció a una bellísima princesa rusa, presunta hija del zar Nicolás I-entre bastardos anda el juego- de nombre Sofía Troubetzkoy, pero más conocida, desde su matrimonio, como duquesa de Morny.

Después de dar a luz unos cuantos hijos y sin perder un ápice de su belleza enviudó del crápula de su marido, mientras seguía siendo, junto a la emperatriz Eugenia, uno de los ejes de la buena sociedad parisina. Curiosamente, sin tardar mucho, se uniría a la emperatriz Eugenia de Montijo en sus sentimientos hacia el duque de Sesto, sólo que si ésta hubo de conformarse con un imperio e inaugurar el canal de Suez, nuestra Sofía se llevaría el corazón del duque, descendiente directo de aquel marqués de Spínola que tan espléndidamente retratara Velázquez en “La rendición de Breda”.

Se casaron en Vitoria el 4 de abril de 1868, instalándose en el palacio de la Cibeles, donde Sofía pronto se convirtió en el eje de la sociedad madrileña. Además de muy bella, era muy inteligente y enseguida se entregó, junto a su marido, a la causa de la Restauración alfonsina, siendo su participación, en muchos aspectos, determinante para el triunfo de la misma.

Tras la caída de Napoleón III, el duque de Sesto acudió en auxilio de la familia real española, colaborando en su traslado a Suiza, donde la dejó a salvo, a la espera de ver cómo evolucionaban los acontecimientos en una Francia ocupada por Bismarck.

Una vez completada su tarea, regresó a Madrid y junto con Sofía organizó la primera gran fiesta de apoyo a la Restauración. Volvía para apoyar a Cánovas en el camino para poner al príncipe Alfonso en el trono de España. En su palacio de la Cibeles-donde actualmente está el Banco de España-, fueron convocados los Grandes de España. Al entrar, pudieron contemplar, en aquel diciembre de 1870, el primer árbol de Navidad que se veía en Madrid, instalado por orden de la duquesa Sofía. Una vez acomodados todos los invitados, el anfitrión cedió la palabra a Cánovas:

“El futuro es el príncipe Alfonso y sólo él”

Aquel día no sólo se produjo el primer paso para restaurar a los borbones sino que se inauguró una tradición; poner un árbol navideño en la vida de los españoles.

Aprovecho para desearos una Feliz Navidad y un año entrante lleno de buenos augurios.

Y no olvidéis, entre los regalos, poner siempre algún libro.

                                                                                                                                       Juan Francisco Quevedo

 

 

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