MEMORIA DE UN TIEMPO XIII-Juan Francisco Quevedo

XIII

CHUCK BERRY Y ELVIS PRESLEY

Chuck Berry, el genial guitarrista y compositor, tuvo la insolencia de sobrevivir durante cuarenta años a Elvis, lo cual no deja de tener su mérito, máxime teniendo en cuenta la biografía y la leyenda negra que circula en torno a las estrellas del rock. Murió con las botas puestas, afinando las cuerdas de su guitarra y riéndose un poco del mundo, como ya hiciera en tiempos el tío Bill, el viejo zorro de William Burroughs, mientras esperaba una muerte que no acababa de llegar nunca y que todos le vaticinaban año tras año, a la vista de los excesos de una vida disoluta.

Aunque el título de rey del rock se lo llevara Elvis sin remedio, yo creo que sería de justicia que, cuando menos, lo compartiera con Berry. Pero éste nació negro, muy negro y por si fuera poco un tanto rebelde. Sin embargo, Elvis nació blanco, guapo y además cantaba mejor que el mejor de los negros. Estaba claro quién sería el rey desde el principio.

Sólo un tejano blanco, envuelto en unas gafas de concha negra, de apenas 21 años fue capaz de rivalizar con Elvis en el corazón de América. Se llamaba Buddy Holly –Peggy Sue-. Una avioneta, estrellada contra un maizal en Iowa, tuvo la culpa de que el camino al trono se le allanara a Elvis y siguiera tan imposible como siempre para Berry. Don Mclean, en su hermosa canción American Pie, homenajea y recuerda el momento de la muerte de Hollly como el día en que murió la música.

Si Plutarco hubiese sido un hombre de nuestra época, un contemporáneo de esta música enloquecida, sin duda en su obra Vidas paralelas, hubiera dedicado un capítulo a estos dos músicos, como ya hiciera con las vidas de Julio César y el gran Alejandro. Sus carreras fueron casi paralelas y aunque Elvis siempre salió ganando en la batalla por la supremacía del rock and roll, Berry, con su mítica forma de tocar la guitarra en cuclillas y de lado, mientras daba saltos laterales-su famoso duck walk-, es el músico de rock and roll que más ha influido en la música posterior. Baste recordar las estupendas interpretaciones que han hecho de sus canciones bandas de la categoría de The Beatles o los Stones. Temas como Rock´n roll music, Maybellene, Roll Over Beethoven o Johnny B. Goode estarán para siempre en la historia de la música.

Chuck Berry y Mick Jagger

A pesar de ello, Berry nunca pudo sacudirse este resquemor de sentirse ultrajado en su paternidad rockera por el guapo de voz más profundamente negra -compartida quizás con la de Eric Burdon- que haya habido jamás, el enorme Elvis Presley. Un rey del rock que, sin embargo y paradójicamente, pasará al Olimpo melómano, además y fundamentalmente, por sus baladas.

Mientras Berry se conformaba, a la fuerza ahorcan, con el prestigio y el reconocimiento del establishment de la música rock, millones de jóvenes muchachas -las primeras teenagers histéricas de la historia- suspiraban y aullaban por el rey en todo el mundo, pero Elvis tan sólo tenía ojos para una adolescente, aún con los restos de la niñez en su rostro, de nombre Priscilla.

Elvis y Priscilla

Con ella, y con la aquiescencia de una aparentemente severa sociedad americana, acabaría casándose. Todo se le consentía a este lindo e inmaculado blanco, reconvertido en Alemania, a través del ejército americano, en chico bueno. Por las mismas razones-de nuevo las vidas paralelas-, tal vez algo más perversas, incluso pudiera ser que hasta más violentas, un negrazo como Chuck Berry habría de probar la dureza de las cárceles gringas.

Cabizbajos y vacilantes en torno al patio

desfilábamos en el cortejo de los locos.

No nos importaba: sabíamos que éramos

la brigada del mismísimo diablo,

y cráneos rapados y pies de plomo

componían una alegre mascarada.

                                            Oscar Wilde (La balada de la cárcel de Reading)

A Berry siempre le quedará, por lo menos, la elegancia de los grandes bailarines de claqué de Harlem. El espigado y renegado rockero de Missouri bien hubiera podido haber sido, por planta y estilo, un bailarín del Cotton Club, aquel local del neoyorquino barrio de Harlem en el que el gran director Francis Ford Coppola se inspiró para su película The Cotton Club.

Es más que probable que, después de muerto, esté bailando sobre su propia tumba mientras afina una Gibson. Y Elvis, junto a él, recuerda la versión que hiciera de su Johnny B. Goode.

Chuck Berry y John Lennon

Cuarenta y cinco años han pasado desde que escuchara la noticia: Ha muerto el rey del rock, ha muerto Elvis. Así como suena, sin apellido, el Presley le sobraba. Y hasta el Elvis le sobraba al rey. Fue un 16 de agosto de 1977 y la mala nueva no sorprendió demasiado a todos los que le habíamos visto últimamente en un escenario, aunque fuera en video. En el momento de la muerte tenía tan sólo cuarenta y dos años y parecía sobrevivir en un cuerpo que no era el suyo. Al menos, no en el cuerpo que recordábamos, el que le había convertido en un ídolo de masas, el primero asociado al rock. Eso sí, conservaba su voz espléndida; ¿cómo olvidar el concierto que dio en Hawaii en el 73? Ya se intuía el esperpento al que se iba encaminando; aunque con unos kilos de más y un vestuario estrafalario, seguía conservando su voz, su encanto y su enorme poder de seducción.

Elvis durante el concierto “Aloha from Hawaii”

Hacía mucho tiempo que el mundo había descubierto a este tipo blanco y guapo, muy guapo, con alma y voz de negro; el primer blanco con alma negra. A finales de los años cincuenta, Elvis ya había justificado su presencia, y la censura de sus caderas, en un show como el de Ed Sullivan, acostumbrado al swing y al clarinete de Benny Goodman, tanto como a la aterciopelada y profunda voz de Frank Sinatra, un crooner venido a más -tan a más que linda con lo sublime-. Aún faltaban unos años para deleitarnos, tanto con la interpretación apasionada de su mítica Strangers in the night como con el pop elegante de Something stupid; esta última junto a su hija Nancy. Sonaba por entonces su envolventemente maravillosa Come fly with me. Mientras su voz prodigiosa dulcificaba las emisoras de radio, Elvis, ya toda una estrella, vestía de uniforme militar en Alemania. Luego vino una carrera en la que unió un éxito tras otro hasta verse desbordado por la vida pero, pese a todo, Elvis siempre estaba ahí; había pasado su tiempo pero no su música. Elvis dejaba resbalar cadenciosamente las palabras en aquella maravillosa canción que ya canturreara, tan distinta, Al Jolson, El cantor de jazz, aquel cantante blanco que, betuneado de negro, interpretase la primera película sonora importante de la historia. Aquella maravillosa canción, Are you lonesome tonight, me viene ahora a recordar la placidez pastosa del trópico, la felicidad de la infancia, de una infancia tan privilegiada como la de los niños de aquellos años que empezaban a engordar a base de papilla prefabricada.

¿Está sola y triste esta noche?

… Cariño, mentiste cuando me dijiste que me amabas

y yo no tenía razones para dudar de ti.

Pero prefiero seguir escuchando tus mentiras

que continuar viviendo sin ti.

                                      Elvis Presley (Are you lone some tonight)

Han pasado cuarenta y cinco años desde que muriera Elvis Presley y nadie pone en duda que sigue siendo el rey del rock. Ahora bien, a su derecha, moviéndole la silla, sin duda se halla Chuck Berry.

Elvis Presley

Esta entrada fue publicada en CRÓNICAS. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s